lunes, 18 de junio de 2018

Agente doble

Nadie repara en mí al dejar el sobre en el lugar convenido. Me tomo un café solo, sin azúcar, en el bar de la estación de autobuses. Regreso a los veinte minutos e intercepto el sobre en la misma taquilla donde lo oculté. Lo abro y leo mis instrucciones.

Comprendo que tengo que ser eliminado.

(Relato finalista de la edición del mes de mayo de La Microbiblioteca. En los siguientes enlaces podéis consultar el resto de relatos seleccionados y los microrrelatos ganadores de mayo).

lunes, 4 de junio de 2018

Miguel Ángel Buonarroti

Le obsesionaba aquella creencia de Miguel Ángel de que todo bloque de mármol blanco encerraba la figura de un David cabezón o de un Moisés cornúpeta. De que el secreto de extraer un ángel de la piedra era tan simple como eliminar la materia sobrante que lo aprisionaba y lo escondía a los ojos de los hombres.

Así que cogió una Biblia, al no tener a mano obra escrita más voluminosa, en busca del microrrelato perfecto. Eliminó libros, versículos, cuantas palabras encontró superfluas. Hasta que dio con un texto ideal. Ahí estaba y nadie antes había sabido verlo. La historia resultante, que trataba de un gigante llamado Sansón que embarcaba en un arca una pareja de estatuas de sal, otra de hijos pródigos, un trío de reyes de Oriente (por algún motivo habían de ser tres y no dos), dos becerros de oro, dos leprosos y tres crucificados (tampoco éstos podían ser pareja) por mandato de una autoritaria y lenguaraz zarza en llamas, no consiguió, sin embargo, satisfacerle.

Contrariado, aquella misma tarde compró en la papelería de la esquina un nuevo estuche de rotuladores rojos y otra docena de típex de reglamento. Fue a la biblioteca pública y sacó en préstamo Guerra y paz y Los miserables. Y reanudó, manos a la obra con brío y renovado entusiasmo, su ambicioso proyecto.

lunes, 19 de marzo de 2018

Contra natura

Y, en descabalgando San Jorge de la montura, no vio salir de la gruta al dragón al cual venía a dar muerte, como esperare, sino a la más bella muchacha que imaginarse uno pueda. Los cabellos color de miel de la doncella lo cautivaron; la elegancia de su porte y la gracilidad de sus movimientos lo terminaron de hechizar. Apenas recuperado de tamaño encantamiento, redobló la sorpresa del caballero el hecho de que la fermosa criatura, en lugar de practicar la cristiana fabla para dirigirse a él, escupiera fuego por la boca. Dedujo que había de hallarse ante el fruto de la unión contra natura entre la bestia y la princesa que le fuera entregada, años ha, para apaciguar su furia.

Se corrompió, de pronto, el aire y vibró el suelo con una fuerza tal que devino temblor bajo sus pies; bramó el dragón al asomar la monstruosa cabeza fuera de la cueva y desplegar las alas. Descartó entonces el caballero la empresa que hasta allí lo llevare y, dejando caer el acero, hincó la rodilla en tierra para encomendarse al Altísimo y a todos los santos del cielo con el propósito de obtener, ansí, la bendición del futuro suegro.

jueves, 15 de marzo de 2018

Amor(se) o Los transoceánicos amores entre Don Mateo Orduña y Sanclemente, dramaturgo y miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, y Doña Theresa Pennington, primera actriz de la compañía teatral de los hermanos Riopedre, de gira en Buenos Aires durante la primavera de 1846


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(1) -Cuelga tú.
     -No, bobo, cuelga tú.


(Relato finalista de la edición del mes de febrero de La Microbiblioteca. En los siguientes enlaces podéis consultar el resto de relatos seleccionados y los microrrelatos ganadores de febrero).

martes, 20 de febrero de 2018

La candidez y el horror

Mis grafitis convertidos en símbolo de la indignación ciudadana. Contra el gobierno, contra la policía. Representaban a esas criaturas cuya seguridad no supieron garantizar. El perfil del niño del globo en la tapia del callejón; el de la cartera a la espalda en la persiana de un comercio. Siempre cerca de donde fueron hallados los cuerpos.

La prensa popularizó mi obra. Por casualidad, que es como acostumbran a ocurrir estas cosas. Tan efímeras. Un reportero escribió sobre los dibujos de un autor desconocido y pronto lo secundaron los demás periódicos. Los redactores dieron rienda suelta a la poética melodramática habitual y divagaron sobre el morboso simbolismo de mi arte. El contraste entre la silueta de tiza sobre la acera y los perfiles sombreados de los muros. Blanco y negro. Candidez y horror. Yin y yang, llegaron a decir.

El perfil del niño del globo ilustró las pancartas que encabezaron las manifestaciones. El de la peonza. El de la cartera. Pequeños detalles que humanizaban cada silueta y que favorecieron, todavía más, la solidaridad de todo un país con las familias rotas. Pequeños detalles que, por lógica, sólo podíamos conocer los agentes de la brigada que llevó el caso y yo mismo.

sábado, 13 de enero de 2018

One meat ball

A Bike & Lonesome 

Percibes que los parroquianos no dejan de mirarte en tu lento caminar hasta el taburete libre, al final de la barra. Te sientas, palpas el bolsillo y extraes de él lo reunido a lo largo de la mañana. Tan solo quince centavos en la palma de la mano.

Distingues las risitas que tu traje de mimo y tu cara pintada suscitan mientras buscas en la carta algo que tomar con esos quince centavos. Le pides al camarero lo único que puedes permitirte.

Te sirve, al poco, una albóndiga en un minúsculo plato de postre. Comprendes que también está de guasa cuando deja, junto al plato, un tenedor y un cuchillo. Le preguntas si podría ponerte una rebanada de pan y te responde, con una sonrisa torcida, que tus quince centavos no dan para más. Clavas los ojos en la albóndiga, notas cómo se te humedecen, y vuelves a oír las bromas de los clientes. Son las mismas personas que, hace nada, pasaron por tu lado en la calle y te ignoraron.

¡Corten!, vocifera el director, satisfecho con la toma. Y tú, todavía con la mirada fija en la albóndiga, te arremangas, con parsimonia, buscas el cuchillo a tientas y obedeces.