viernes, 2 de diciembre de 2016

Noviembre pasó


Noviembre pasó y me dejó dos muy buenas noticias:
  • la publicación de un nuevo cuento de ajedrez, hasta la fecha inédito, en el número 125 de la revista Peón de Rey. El relato, titulado Los tableros rojos, escarba en las últimas mesas de los torneos abiertos de mi juego favorito. Que ya está bien de tanto Gran Maestro y de tanto Carlsen, caramba. La base también existe. 
  • la publicación de un relato de temática futbolística en la sección El (des)cuento del número 57 de la revista especializada Panenka. El texto, que lleva por título A pie de campo, gira alrededor de esas entrevistas absurdas que los periodistas deportivos perpetran a los futbolistas al término del tiempo de juego. Y, en él, me he permitido la licencia de incluir una serie de guiños para los seguidores del Júpiter. Porque yo lo valgo. Porque ellos lo valen. 
Noviembre quedó atrás y me dejó esta sonrisa tonta en los labios.

domingo, 27 de noviembre de 2016

El patio de luces

Cada mañana me asomo al patio de luces para verlo pasar. Aunque no tenga ropa que tender, cuando son las once y veintiocho, abro la ventana y espero a que salte. Es tan puntual y tan constante. Y educado: el suicida siempre consigue articular algo parecido a un buenos días en el escalofriante alarido que acompaña su trágica caída. Le respondo yo con el mismo saludo y le deseo, todos los días sin excepción, el peor de los aterrizajes. Ya sin ninguna convicción.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Azul

Distingo su silueta sobre la baranda de piedra. Dejo atrás la ropa recién tendida en la azotea. Oigo perfectamente cómo el viento que se ha levantado agita las sábanas húmedas cuando me aproximo a la gaviota. No se espanta. Al contrario. Me observa impertinente y retadora. Dudo unos instantes porque estos bichos siempre me han dado miedo. Las gaviotas y los enanos. Finalmente decido dar el último paso y la gaviota insolente abandona la baranda y se aleja batiendo las alas.

Dejo las pinzas de tender en el suelo. Me acodo y contemplo los bloques de enfrente. Las persianas a medio subir, la cortina que se agita en el balcón entreabierto, la vecina que riega los geranios. El perfil de la ciudad, tan característico, y, detrás, la línea azul oscuro trazada en el horizonte. Los reflejos plateados arrancados por el sol radiante de mediodía. El cielo diáfano. Y el viento, que trae hasta mí el aroma del salitre.

Disfruto de la vista y, sin embargo, la misma ciudad provoca en mí inquietud. El sonido de la hélice de un helicóptero lejano, las sirenas de las ambulancias, abajo, anuncian que algo extraordinario está pasando, ahora mismo, en Madrid.

lunes, 17 de octubre de 2016

El libro de La Microbiblioteca

El pasado 30 de septiembre se celebró la entrega de premios de la quinta edición del concurso organizado por la Biblioteca Esteve Paluzie, de Barberà del Vallès. Para allá que me fui yo y así tuve ocasión de saludar y felicitar a muchos de los amigos premiados; disfrutar del espectáculo de Microlocas, basado en su libro de microrrelatos Pelos; y cenar después con un buen puñado de microlocos hambrientos.

Al final del acto, se repartieron entre los asistentes los ejemplares del libro que cada año se edita con los mejores textos recibidos a lo largo de la convocatoria. Podéis leer mi relato Las plañideras y el resto de historias seleccionadas en la publicación en línea de la antología.

Enhorabuena a Rafa Heredero y a Jordi Bonet-Coll, ganadores del concurso en castellano y catalán, respectivamente.

viernes, 14 de octubre de 2016

Entrevistado en Amanece Metrópolis

Aceptas con lógico entusiasmo la propuesta de la revista cultural Amanece Metrópolis de participar en su sección Yo he venido aquí a hablar de su libro. Porque agradeces el interés mostrado por una publicación de este tipo por los microrrelatos de Producto interior muy bruto. Y, entonces, recibes el cuestionario. Lo lees por encima y, de pronto, te sorprendes mirando a ambos lados, queriendo comentar algo pero no sabes muy bien el qué. Pasados unos segundos de desconcierto, reanudas la lectura, ya con una sonrisa en los labios, y te pones a manos a la obra. Disfrutando. El extravagante cuestionario del siempre original Juan Fuente no tiene desperdicio: seguro que nunca habéis leído o contestado nada igual. Las respuestas son obra mía.

Podéis leer la entrevista y cinco de los microrrelatos que integran Producto interior muy bruto en el siguiente enlace. Espero que os guste.

Gracias a Juan, Ana y Eva por ayudarme en esto de dar a conocer un poquito más al Minotauro.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Los turistas visitan Radio Carcoma

Ignacio Borraz tuvo la gentileza de leer en el programa cultural Error de coordenadas de Radio Carcoma mi microrrelato Los turistas, texto incluido en Producto interior muy bruto. Previamente, había hablado de la XIX Jam de Cuentos Improvisados. Podéis escuchar el programa del pasado 8 de octubre en el siguiente enlace y el relato a partir del minuto 44.

Radio Carcoma es una emisora libre del norte de Madrid y lleva más de 25 años en activo ofreciendo contenido musical y cultural a través de internet.

Gracias, Ignacio, por llevarte a Madrid a la pareja, él con su plano y su cámara colgada del cuello y ella con su vestido estampado y ligero.

viernes, 7 de octubre de 2016

Producto interior muy bruto, según Sergi Allepuz


Que a tu primo le guste el libro que acabas de publicar no es algo demasiado noticiable. De hecho, la familia (en general, y los primos, en particular) está, además de para otras muchas cosas, para eso: para que le gusten los libros que acabas de publicar. Pero si tu primo resulta que es el ganador del XL Premio Cáceres de Novela Corta, entre otros, su opinión ya tiene un poquito más de peso que la del primo al uso.

Reproduzco, a continuación, la pequeña (y festiva) reseña literaria que me hizo llegar Sergi. Porque ése es su nombre: Sergi Allepuz. El autor de la laureada El prado verde de Jay McKay. El autor cuyas andanzas podéis seguir en su blog Rinconcete y Cortadillo

Reseña literaria de PRODUCTO INTERIOR MUY BRUTO, o la realidad del mundo según mi primo: David Vivancos Allepuz, un escritor de ideas claras y también de algunas obsesiones enfermizas, para qué nos vamos a engañar... 

Tras leer el libro que nos ocupa, mi primera impresión es que nos hallamos ante un escritor ya hecho, con estilo propio y muy concienzudo, que posee un nivelazo de vocabulario que ya querrían muchas vacas sagradas, y lleno de obsesiones propias y recurrentes, tales como la muerte, la crueldad, los niños y los payasos. 

De este modo, David, creando su propio mundo a base de un vocabulario hermoso y calculado, decorado con payasos terroríficos, niños insufribles, Papá Noeles o detalles carajilleros de la vida cotidiana de un barrio obrero de cualquier gran ciudad, nos muestra una colección de historias sobre la vida y, aún más, sobre la muerte y la crueldad humana, que dicen mucho del mundo interior y personal del autor, a pesar de que él, desesperada e infructuosamente, lo trate de blindar a base de zambombazos de hilarante ironía y/o sarcasmo que obligan al lector a reírse, bien sea en el autobús o en la consulta del dentista, ante la desconcertante mirada de propios y extraños. 

Respecto a ese humor, desternillante en algunos de los cuentos, destacaría, por distintos a los demás o por haberme sorprendido gratamente: "La mariqita" (así, sin la u, tal cual) e "Instrucciones para enviar cartas ahorrándose los sellos" (impresionante relato que incluso he compartido, leyéndolo en voz alta, a la familia, y que es de una enorme utilidad para todo aquel que, como yo, haga regular uso del servicio postal). 

¿Mis micros favoritos del libro? Pues los dos que ya he citado y "Tía Lourdes", "289", "Parque de atracciones", "Papanoeles sonrientes", y muchos, muchísimos más.

¡Gracias, Sergi!

martes, 27 de septiembre de 2016

Yo estuve en el Bar Martínez


La noche del jueves pasado fue muy especial. Nos reunimos en el madrileño barrio de Malasaña un buen grupo de amigos enamorados del microrrelato con la excusa de presentar los libros de la editorial Enkuadres Érase de una vez, de Ana Vidal, y Producto interior muy bruto, del menda. Para ello escogimos, cómo no, un bar. El Bar Martínez, dotado de un sótano mazmorril y tenebroso ideal para saraos de este jaez. Y de Gin Mare.



Abrió el fuego el editor, Sergi Martínez (que nada tiene que ver con el bar homónimo de sótano mazmorril y tenebroso), quien rápidamente dio paso a Manu Espada y a Ana Vidal. Entrevistó el primero a la segunda, respondió la segunda a las preguntas del primero, nos habló Manu de la literatura y de las mujeres (en tanto que escritoras, entiéndaseme), obsequió a Ana con una segunda edición de su propio libro y a los asistentes con unos cuentos infantiles y unos patitos de goma que fueron acogidos magníficamente por los presentes, presentados incluidos. Y ambos leyeron cuentos de Ana, muchos cuentos, con la ayuda estelar de los amigos micronarradores invitados, Javier Ximens, Manuel Rebollar, la microloca Eva Díaz Riobello y Rosa Martínez (que tampoco tiene nada que ver con el bar homónimo de sótano mazmorril y tenebroso y a quien debemos las fotos que ilustran esta nota y muchas más). El numeroso público congregado para la ocasión rompió en un entregado aplauso a los dos protagonistas cuando finalizó la primera parte del acto y se dio paso a la presentación del segundo libro.



Me sorprendió Kike Parra con un par de preguntas sobre Producto interior muy bruto cuyas respuestas intenté eludir lo más torpemente que supe y pasó el presentador, a continuación, a leer la carta de un lector muy fan de mi obra, el levantador de piedras vasco Íñigo Arriola. Una misiva que hilaba tan bien la serie de relatos que fue leyendo el mismo Kike que hubo quien la creyó falsa. Reímos de lo lindo con las ocurrencias de Kike, digo de Íñigo. Y luego llegó mi turno. Y hablé de cosas y leí cosas. Y Ana Vidal me hizo el favor de leer también y se cerró, de este modo, un círculo perfecto con más aplausos y eso está muy bien.


Llegaron las firmas de ejemplares, siguieron más saludos y reencuentros, más copas y más risas, y el extravío en la noche madrileña de Washington Jaramillo y vino, más tarde, una cena improvisada donde siete valientes dieron buena cuenta de lo que al camarero de no sé qué bar le dio la gana ir sirviendo. Y después, ah, sí, llegó lo de después.

Que hasta aquí puedo leer, amigos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La carta de Íñigo Arriola o la genial presentación de Kike Parra de Producto interior muy bruto

El pasado jueves tuvo lugar la puesta de largo en Madrid de los libros de la editorial Enkuadres Érase de una vez, de Ana Vidal, y de mi Producto interior muy bruto. Fueron presentados por dos escritores muy queridos por la familia microrrelatista: el primero por Manu Espada y el segundo por Kike Parra.

En breve escribiré unas líneas y colgaré algunas fotos para que os hagáis una idea de cómo fue el acto celebrado en el Bar Martínez. Pero, primero, me veo en la obligación de compartir con vosotros la magnífica carta del levantador de piedras y forofo de Producto interior muy bruto Íñigo Arriola, dirigida al editor Sergi Martínez, con la que Kike nos sorprendió a todos (incluído a mí) y que constituyó la base de su divertida intervención.

Gracias múltiples, Kike, por la original presentación, por el texto y por permitirme su reproducción en el blog. Si no existieras tal como eres, habría que inventarte, muchacho.

Presentación de “Producto interior muy bruto” 
Bar Martínez. Calle barco, Madrid. 22 de mayo de 2016. 

Estimado Sergi Martínez: 

Me llamo Iñigo Arriola, soy harri-jasotzaile, lo que se conoce como levantador de piedras, y me gustaría contarle la manera en que ha llegado hasta mí el libro de su editorial llamado, bueno, titulado, “Producto interior muy bruto”. 

Tengo 24 años y vivo en Iturmendi, un pueblo navarro pegado al Burunda. En mi vida, hago varias cosas, además de las exhibiciones y competiciones del deporte que he comentado, ayudo a mi padre en la carnicería familiar, a mi abuelo con las vacas y estoy terminando un Grado en Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural en la UPN. No soy buen lector. Mejor dicho, no leo mucho, las materias de la facultad y poco más. No me suelo comprar ningún libro, de hecho, este de su editorial fue un regalo de Nekane, mi novia. Ella es maestra de niños en Altsasu. Vio el dibujo de la portada y el título y pensó que encajaba conmigo. Bueno, esa es una broma que nos decimos. No soy tan bruto como aparento y ella sabía de antemano de qué iba el libro cuando lo compró. “Son historias muy cortitas. Te va a gustar”, me vino a decir. “¿Pero de qué va?”, le pregunté. “De muchas cosas”, me dijo, “cada página es un cuento, con personajes diferentes, y lo bueno es que no todos los personajes son humanos. Hay aves, animales de todo tipo, hasta gusanos de los muertos”. Eso me ha gustado mucho que cualquiera pueda ser un personaje. Como ve, le hice caso, claro. Nekane me quiere y yo a ella, así que le suelo hacer caso. 

Del primer cuento que me acuerdo es de uno que habla de las pantorrillas. No sé, me hizo gracia. Nunca hubiera pensado que alguien escribiera algo sobre pantorrillas. (Página 15). Es un poco absurdo. La verdad es que el libro tiene muchos trozos que van en esa línea. Parece que el narrador siempre va de frente, mira de frente, pero resulta que tiene un ojo puesto en otro lugar, un trozo de mundo que nos llega de sopetón, inesperado. Y que te pilla desprevenido. A mí me pasó. Y a Nekane, que también lo había leído, lo mismo. Ella dice que es como estar comiendo tostadas con miel y de repente, sin darte cuenta, llevarte a la boca una de pastel de txangurro. 

Otra cosa que también me ha gustado del libro es lo bien escrito que está. Me imagino que todos los escritores tienen que escribir así de bien, al menos eso es lo que pienso que tendría que ser. Podría decirle muchos ejemplos, pero me acuerdo del comienzo de una historia titulada “Eolia” (Página 24). Cerca de Pamplona hay muchos campos eólicos, y cuando voy a la universidad los veo, pero desde que leí el libro, cuando paso por allí me acuerdo de ese cuento. Y siempre pienso en la exactitud de las palabras, en lo que tiene que ser escribir las cosas de manera que parezca que llevan así escritas toda la vida. 

Este verano he llevado el libro conmigo a todas partes. Lo llevaba en la guantera de la furgoneta. Si iba a una competición ahí que venía conmigo. Me ayudaba a concentrarme. Mientras mi padre y mi tío preparaban las piedras, yo calentaba y para estar más tranquilo leía un par de historias. Aunque ya las hubiera leído, me seguía sorprendiendo. Muchas veces veía la relación que tenían con lo que ocurría a mi alrededor. Me estoy acordando de cuando estuvimos en Okondo, para las fiestas de San Bartolomé. ¿Conoce Okondo? Es un pueblo de mil y pocos habitantes, pero, no me diga por qué, van siempre un montón de turistas. Debe de ser porque está cerca de Llodio y de Bilbao y alguna de las chicas de la oficina de turismo debe de ser de allí y los enviará allí. Bueno. Ese día de competición en Okondo había hasta japoneses, o chinos. Mi padre y mi tío no se ponían de acuerdo. Para el caso, da lo mismo. Justo ese día leí otra vez el cuento titulado “Los turistas” y se ve que esa vez me impactó mas por la cantidad de chinos y valencianos que había (Página 26). Hay que ver cómo el autor le da la vuelta a las cosas. He visto alguna foto suya, del escritor me refiero. Tiene cara de buena persona. No sé si pensaría que es escritor si lo viese por la calle. Vamos, no lo digo por mal. Lo que quiero decir es que en mi caso, por ejemplo, sí que, si me ven, uno piensa enseguida que puedo ser harri-jasotzaile

Luego he estado una temporada sin competir. Se acumuló el trabajo donde lo del “aitona”. Por las ferias de ganado de septiembre y que pronto iban a ser las clases. Entrenaba cuando podía e iba al masajista. Bueno, la que me hace los masajes es Nekane. Como da clases de educación física, dice que es imprescindible. “Mira, Iñigo, parece que en este cuento salgamos tú y yo”, me dijo. Era el titulado “Plastilina”, que va de una masajista y de alguien que se cree muy fuerte. (Página 37). El humor también es algo que se puede ver a toda hora en el libro. Nekane se ríe más que yo, pero eso es porque ella es de otra manera. Eso no quiere decir que yo no tenga humor, o que no me guste. Al revés, me encanta ese humor que hay, un poco bruto, un poco negro. El narrador se mete con todo, y tiene una manera especial de hacer broma hasta de cosas sagradas, como la muerte, el poder, las enfermedades. Los personajes parecen reírse de sí mismos. No sé, como si el narrador les diera libertad para hacer las cosas. (Página 141). A mí me gusta la gente así. Que uno no esté satisfecho con lo que le ha tocado vivir y que dé la cara. La verdad es que el escritor, David Vivancos Allepuz… ¿Se dice Allepuz, con elle o Alepuz, con una ele? Bueno, el autor parece que nos esté hablando, en muchas historias, de una vida aparte, de un mundo paralelo, de una existencia que avanza a la vez que la de los personajes, junto a ellos, como si nos estuviese advirtiendo del grado de incertidumbre que tenemos que asumir en la vida, con su propia autonomía y acierto y libertad. 

Qué cosas, nunca me hubiera imaginado que un libro así llegase hasta mí. Nekane dice que fue de broma, y yo la creo —ya lo dije antes— pero seguramente haya una parte de verdad en su burla, que soy un poco bruto a veces y que el de la fotografía le recordó a mí. No sé qué pasará con Nekane y conmigo. No sabemos nunca nada de lo que va a pasar. También esto parece que nos lo esté diciendo el libro. Dónde trabajaré el día de mañana. Si tendré hijos. Si alguna vez conseguiré algún récord como harri-jasotzaile. Por ahora voy a seguir disfrutando de las cosas que tengo cerca. Voy a recomendar el libro. De hecho ya se lo he dejado a un compañero de facultad. A los otros levantadores de piedras, no. Intuyo como que conocerían partes de mí que no sé si quiero que conozcan. Dice Nekane —a ella sí se lo he dicho— que es lo que tienen los buenos libros. Bueno, y a ahora se lo estoy diciendo a usted, que aunque no nos conocemos, parece de confianza y no va a decir nada de esto por ahí. 

Y ya me despido. Hay un cuento que viene a hablar de todo lo que le he contado, que sirve de final, de cómo me gustaría que fueran las cosas. Me gustaría que la huella que dejase en la vida fuese de esta manera. Se titula “Madera de héroe” (Página 89). 

Espero que tengan suerte con el libro. Que todo les vaya muy bien. El libro se lo merece. Si alguna vez vienen usted o David por Iturmendi, ésta es su casa. Urbasa está a un tiro de piedra, ya verán qué montes. Y lo bien que se come. Mis padres tienen las mejores txuletas del mundo. Ah, y seguro que podrán conocer a Nekane. Un abrazo. Iñigo Arriola

domingo, 25 de septiembre de 2016

Madrid 2016 en la voz de Mar González

Por si fuera poco premio obtener una de las dos medallas de plata (obra artesana de la gran Eva García) de la convocatoria olímpica de Esta noche te cuento, va mi admirada Mar González y nos regala la grabación de los relatos galardonados leídos con su voz de magnífica radiofonista. Y con música de Vangelis de fondo. Muchísimas gracias a ambas.

Tremendo lujazo.

Mi micro Madrid 2016, a partir del minuto 2.20 en el audio del siguiente enlace.