martes, 14 de marzo de 2017

Gallina vieja hace buen caldo

Y así pudimos paliar el hambre de los niños. Aunque tan sólo fuera durante unos pocos días y a costa de prescindir, para siempre, de las historias que le gustaba contarles cada noche delante de este mismo fuego.

(Relato finalista de la edición del mes de febrero de La Microbiblioteca. En los siguientes enlaces podéis consultar el resto de relatos seleccionados y los microrrelatos ganadores de febrero).

martes, 7 de marzo de 2017

Dos mundos o tres

Hunde el estandarte de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en la arena mientras los demás soldados siguen saltando de las barcas. Las miradas de los españoles alternan los cuerpos desnudos de los indígenas que se intuyen entre las palmeras, más allá de la playa, y las tres carabelas que les quedan a la espalda, como tratando de obtener en ellas una respuesta a los interrogantes que la presencia de los nativos les plantea.

Los indios, por su parte, permanecen en silencio, curiosos, pasmados por los destellos que despiden los hombres metálicos que han llegado por mar. Dudan entre darles la bienvenida y agasajarlos y correr a la aldea en busca de armas para hacerles frente. Decoran sus torsos dibujos trazados con barro ya seco. Un tucán aletea en algún lugar no muy alejado.

La tensión es evidente. Nadie sabe bien cómo reaccionar. Sólo el fraile, que hinca las rodillas y eleva a Dios una plegaria, apenas musitada, con los dedos de ambas manos entrelazados. La espuma de las olas que vienen a morir a la orilla le moja las sandalias. La playa desierta de arena blanca separa ambos mundos, hasta ese instante alejados por infinitas jornadas de navegación, por incontables siglos de mutuo desconocimiento.

Unos y otros advierten, de pronto y simultáneamente, el paso cansino de un galápago que atraviesa, paralelo al mar, la lengua de arena de este a oeste. El repentino descubrimiento alivia los recelos a ambos lados de la playa. Ríen los hombres barbudos de plata y también los lampiños ocultos entre el follaje. Y no pueden evitar abuchear la carrera de ese joven Aquiles quien, ventajista, acaba de aparecer en escena y de superar a la tortuga con sus ágiles zancadas.

(Microrrelato publicado en el número 399, correspondiente al mes de febrero de 2017, de la Revista Quimera)

miércoles, 1 de marzo de 2017

Rompecabezas

Sacó una bolsa de plástico transparente de la caja y la abrió. Dejó caer la cascada de piezas encima de la mesa de trabajo. Primero de todo agrupó las que delimitaban el contorno. Los bordes lisos las definían. Y así las fue encajando una a una. Cuando lo tuvo perfilado, separó las demás por colores para facilitar la tarea. Ensambló luego las piezas de la cara; del torso, el vientre, la espalda y los brazos, con sus manos; del sexo; de los glúteos, las piernas y los pies. Una vez completo el puzle, le aplicó con un pincelito la cola que también venía en la caja y esperó a que se secara.

Cuando la criatura estuvo lista, le insufló la vida con un soplo de su propio aliento. No es bueno que el hombre esté solo, se dijo después, y se concentró en la manufactura de una compañera a partir de una costilla que le extrajo de cuajo a su creación original.

Desde ese feliz día, el doctor Frankenstein se recrea, complacido, viendo pasear a sus dos enamorados cogidos de la mano, cada atardecer, a la orilla del lago de los nenúfares donde acostumbraba a jugar la hija del molinero.

(Microrrelato publicado en el número 399, correspondiente al mes de febrero de 2017, de la Revista Quimera)

viernes, 24 de febrero de 2017

En la radio, por Carnaval

De nuevo un texto mío se asoma a la radio de la mano (y voz) de la siempre generosa Ana Vidal. Con la excusa del Carnaval, Ana ha hecho una selección de relatos disfrazados para su sección "En pocas palabras" del programa Soles en el Ocaso, entre los que se encuentra Juicio ganado, uno de los micros que conforman Cruentos ejemplares y otras microficciones. En esta ocasión me acompañan, además de la propia Ana Vidal, Fulgencio Susano García, María Belén Mateos, Víctor Álex Hernández, Esther Nieva y David González Fernández.

Podéis escuchar "En pocas palabras" en el siguiente enlace, a partir del minuto 40.45.

domingo, 12 de febrero de 2017

Gafsa d sol

El cihco apsa hroas snetado a al emsa. Ensismimado. Motna, cno la paicencia y la mecitulosiadd de nu rojelero siuzo, pulzes qeu repodrunce blelos pasaijes y cuardos de pnitroes cérebles. Estidua atentamnete cdaa pizea de crató,n resgiue su acicdetnado cotnorno cno sal eymas ed los dodes y aclibra la gardacóin dle locor. Leguo, ocn getso prasimonois,o la enjaca en orta pizea pirma henmara qeu, perviametn,e ha separdao dle motnón. eRpite la eporación cenitos, limes de vcees, hatsa compeltar la tarae, hasta ordenar el caos y recomponer el pequeño universo que maneja. Sólo de esta forma consigue atemperar los nervios que lo consumen, las crisis que le sobrevienen. La familia valora positivamente la terapia pero advierte al psiquiatra, en cada una de sus visitas quincenales, de los riesgos que conllevan determinados puzles adquiridos en los chinos, a los cuales acostumbran a falt rles algunas p ezas. C da vez que esto oc rre, cuentan, el ch co se agit y hace sa tar el puz e incomp eto por l s aires. Y es entonsec, selaña la mad e -que hyo no se q itará las gafsa d sol-, c ando v elve a ser realmnete peligsoro.

(Relato finalista de la edición del mes de enero de La Microbiblioteca. En los siguientes enlaces podéis consultar el resto de relatos seleccionados y los microrrelatos ganadores de enero).

lunes, 6 de febrero de 2017

Tres microrrelatos inéditos en Quimera

No todos los días ni todos los meses ni todos los años ni todas las vidas le pide a uno la revista literaria Quimera tres microrrelatos inéditos para publicarlos en Los pescadores de perlas de su número de febrero. Así que os podéis imaginar lo feliz y agradecido que estoy. Qué va. No os lo podéis imaginar.

El mes que viene compartiré en el blog "Aldonza", "Rompecabezas" y "Dos mundos o tres", los tres microrrelatos seleccionados para el número 399 de Quimera.


martes, 3 de enero de 2017

El cazador

Los dos perros brincan, juguetones, a su alrededor y la chica de la mochila verde les dedica unas caricias. Silbo y vuelven a la carrera. Cuando la peregrina llega a mi altura, me disculpo y ella le resta importancia al episodio y me sonríe. Les sonríe. Mis perros jadean. Están contentos. Nos miran. Buen camino, le digo. Entonces descubre el bote de pintura detrás del tronco donde está pintada, todavía fresca, la última flecha amarilla que la ha conducido hasta mí.

domingo, 1 de enero de 2017

A pie de campo

Pasa el futbolista el dorso de la mano por debajo de la nariz e inclina la cabeza levemente a la izquierda, de un modo casi imperceptible, para escuchar mejor la pregunta. El griterío es ensordecedor. No mira directamente al informador sino que mantiene la vista perdida en algún punto indeterminado de una grada que todavía festeja el gol recién anotado. La charanga visitante, a pesar del resultado adverso, se atreve con las notas del himno del club. Brincan los jóvenes aficionados con las bufandas grisgranas al cuello, se empujan al ritmo marcado por el bombo y las trompetas. El jugador se lleva la mano al pecho, junto al escudo redondo, el índice tapando la estrella azul. Poco a poco recupera el ritmo cardíaco normal, hasta hace nada demasiado acelerado, y ya no tiene necesidad de respirar con la boca abierta. Sus compañeros y los rivales desaparecen por el túnel que conduce a los vestuarios. Trigo le da un pescozón amistoso antes de abandonar el terreno de juego. El zaguero sonríe, ahora con los brazos en jarras, igual que posaban los defensas antiguos de los cromos de cartón, y espera a que el periodista le ceda la palabra. El trío arbitral viene a continuación de los jugadores. Conversan entre ellos y uno de los asistentes juguetea con el banderín. El reportero le habla al micrófono con una pasión que poco o nada tiene que envidiar a la vivida hasta el momento sobre el césped del estadio municipal. Lleva un peto naranja de prensa con el número dieciséis.

–Hemos vivido una primera parte muy intensa, en la cual habéis resistido con mucho oficio las acometidas del cuadro local, sobre todo durante el cuarto de hora inicial. O, si me apuras, los primeros veinte minutos. Parece que el míster ha hecho un buen trabajo de pizarra a lo largo de la semana y ha tirado de vídeo porque se ha podido comprobar que traíais bien aprendida la lección y eso se ha visto en la marca especial que está teniendo esta noche Querol. No ha tocado balón. Ni lo hemos visto –intercala aquí una pequeña pausa necesaria o quizás lo único que pretende es coger carrerilla porque las palabras se atropellan las unas a las otras, tiene prisa radiofónica–. Luego os habéis estirado un poquito, a base de arreones, con alguna contra buena de Ramón por banda izquierda, incluida la del fuera de juego. Ahí el choque se ha nivelado. Lástima del penalti no señalado por derribo al propio Ramón y de esa falta de entendimiento entre Poche y Soto que ha significado el tanto local justo al final del primer período.

Acerca, acto seguido, el micrófono a los labios del futbolista con la avidez del guardia de tráfico que pone el alcoholímetro en la boca del conductor ebrio después de una decena de controles sin detectar ningún positivo. De dos decenas de controles estériles en una noche de sábado verbenero. Éste mira al periodista con cara de extrañeza, confundido o puede que perplejo, frunciendo el sobrecejo, como si no hubiese entendido nada de lo que le acaba de decir, como si estuviese a punto de soltar el consabido discurso de canterano, con la parte trasera del pantalón manchada de barro y con las medias bajadas que dejan ver unas piernas llenas de cicatrices y costurones, a punto de emitir una serie de gruñidos trufada con tópicos sin vocalizar o, mejor, sin consonantizar, porque los jóvenes futbolistas hablan como los delincuentes de arrabal, arrastrando, alargando mucho las vocales, sobre todo las es, unas es que capitalizan cada una de sus alocuciones públicas, antes de arrancar unas frases de simplicidad palomina que no han de sorprender a nadie. Sin embargo, el dorsal cuatro no responde lo que hubiese contestado cualquier otro en su lugar, palabras sabidas sobre el esfuerzo y la mala suerte, divagantes monologuitos sobre la constancia (siempre la constancia) y los minutos que todavía quedan por jugar, porque él, a diferencia de los demás, ha estado escuchando, y con atención, a su interlocutor. Entonces el central se quita el sudor de la frente con la palma de la mano derecha. Continúa mirándolo, entre sorprendido e irritado, hasta que, al final, estalla.

–Virgen santa, ¿qué se supone que te tengo que contestar después de toda esta tabarra? ¿Cuál es la maldita pregunta?

Le dedica al informador un ambiguo gesto que puede significar muchas cosas (todas malas) y sale corriendo del rectángulo de juego para reunirse en el vestuario con sus compañeros y escuchar allí las instrucciones que el entrenador les va a dar de cara a la segunda parte. El periodista radiofónico da un prudente paso hacia atrás para no ser arrollado por el defensa y devuelve la conexión a los estudios centrales de la emisora.