viernes, 24 de febrero de 2017

En la radio, por Carnaval

De nuevo un texto mío se asoma a la radio de la mano (y voz) de la siempre generosa Ana Vidal. Con la excusa del Carnaval, Ana ha hecho una selección de relatos disfrazados para su sección "En pocas palabras" del programa Soles en el Ocaso, entre los que se encuentra Juicio ganado, uno de los micros que conforman Cruentos ejemplares y otras microficciones. En esta ocasión me acompañan, además de la propia Ana Vidal, Fulgencio Susano García, María Belén Mateos, Víctor Álex Hernández, Esther Nieva y David González Fernández.

Podéis escuchar "En pocas palabras" en el siguiente enlace, a partir del minuto 40.45.

domingo, 12 de febrero de 2017

Gafsa d sol

El cihco apsa hroas snetado a al emsa. Ensismimado. Motna, cno la paicencia y la mecitulosiadd de nu rojelero siuzo, pulzes qeu repodrunce blelos pasaijes y cuardos de pnitroes cérebles. Estidua atentamnete cdaa pizea de crató,n resgiue su acicdetnado cotnorno cno sal eymas ed los dodes y aclibra la gardacóin dle locor. Leguo, ocn getso prasimonois,o la enjaca en orta pizea pirma henmara qeu, perviametn,e ha separdao dle motnón. eRpite la eporación cenitos, limes de vcees, hatsa compeltar la tarae, hasta ordenar el caos y recomponer el pequeño universo que maneja. Sólo de esta forma consigue atemperar los nervios que lo consumen, las crisis que le sobrevienen. La familia valora positivamente la terapia pero advierte al psiquiatra, en cada una de sus visitas quincenales, de los riesgos que conllevan determinados puzles adquiridos en los chinos, a los cuales acostumbran a falt rles algunas p ezas. C da vez que esto oc rre, cuentan, el ch co se agit y hace sa tar el puz e incomp eto por l s aires. Y es entonsec, selaña la mad e -que hyo no se q itará las gafsa d sol-, c ando v elve a ser realmnete peligsoro.

(Relato finalista de la edición del mes de enero de La Microbiblioteca. En los siguientes enlaces podéis consultar el resto de relatos seleccionados y los microrrelatos ganadores de enero).

lunes, 6 de febrero de 2017

Tres microrrelatos inéditos en Quimera

No todos los días ni todos los meses ni todos los años ni todas las vidas le pide a uno la revista literaria Quimera tres microrrelatos inéditos para publicarlos en Los pescadores de perlas de su número de febrero. Así que os podéis imaginar lo feliz y agradecido que estoy. Qué va. No os lo podéis imaginar.

El mes que viene compartiré en el blog "Aldonza", "Rompecabezas" y "Dos mundos o tres", los tres microrrelatos seleccionados para el número 399 de Quimera.


martes, 3 de enero de 2017

El cazador

Los dos perros brincan, juguetones, a su alrededor y la chica de la mochila verde les dedica unas caricias. Silbo y vuelven a la carrera. Cuando la peregrina llega a mi altura, me disculpo y ella le resta importancia al episodio y me sonríe. Les sonríe. Mis perros jadean. Están contentos. Nos miran. Buen camino, le digo. Entonces descubre el bote de pintura detrás del tronco donde está pintada, todavía fresca, la última flecha amarilla que la ha conducido hasta mí.

domingo, 1 de enero de 2017

A pie de campo

Pasa el futbolista el dorso de la mano por debajo de la nariz e inclina la cabeza levemente a la izquierda, de un modo casi imperceptible, para escuchar mejor la pregunta. El griterío es ensordecedor. No mira directamente al informador sino que mantiene la vista perdida en algún punto indeterminado de una grada que todavía festeja el gol recién anotado. La charanga visitante, a pesar del resultado adverso, se atreve con las notas del himno del club. Brincan los jóvenes aficionados con las bufandas grisgranas al cuello, se empujan al ritmo marcado por el bombo y las trompetas. El jugador se lleva la mano al pecho, junto al escudo redondo, el índice tapando la estrella azul. Poco a poco recupera el ritmo cardíaco normal, hasta hace nada demasiado acelerado, y ya no tiene necesidad de respirar con la boca abierta. Sus compañeros y los rivales desaparecen por el túnel que conduce a los vestuarios. Trigo le da un pescozón amistoso antes de abandonar el terreno de juego. El zaguero sonríe, ahora con los brazos en jarras, igual que posaban los defensas antiguos de los cromos de cartón, y espera a que el periodista le ceda la palabra. El trío arbitral viene a continuación de los jugadores. Conversan entre ellos y uno de los asistentes juguetea con el banderín. El reportero le habla al micrófono con una pasión que poco o nada tiene que envidiar a la vivida hasta el momento sobre el césped del estadio municipal. Lleva un peto naranja de prensa con el número dieciséis.

–Hemos vivido una primera parte muy intensa, en la cual habéis resistido con mucho oficio las acometidas del cuadro local, sobre todo durante el cuarto de hora inicial. O, si me apuras, los primeros veinte minutos. Parece que el míster ha hecho un buen trabajo de pizarra a lo largo de la semana y ha tirado de vídeo porque se ha podido comprobar que traíais bien aprendida la lección y eso se ha visto en la marca especial que está teniendo esta noche Querol. No ha tocado balón. Ni lo hemos visto –intercala aquí una pequeña pausa necesaria o quizás lo único que pretende es coger carrerilla porque las palabras se atropellan las unas a las otras, tiene prisa radiofónica–. Luego os habéis estirado un poquito, a base de arreones, con alguna contra buena de Ramón por banda izquierda, incluida la del fuera de juego. Ahí el choque se ha nivelado. Lástima del penalti no señalado por derribo al propio Ramón y de esa falta de entendimiento entre Poche y Soto que ha significado el tanto local justo al final del primer período.

Acerca, acto seguido, el micrófono a los labios del futbolista con la avidez del guardia de tráfico que pone el alcoholímetro en la boca del conductor ebrio después de una decena de controles sin detectar ningún positivo. De dos decenas de controles estériles en una noche de sábado verbenero. Éste mira al periodista con cara de extrañeza, confundido o puede que perplejo, frunciendo el sobrecejo, como si no hubiese entendido nada de lo que le acaba de decir, como si estuviese a punto de soltar el consabido discurso de canterano, con la parte trasera del pantalón manchada de barro y con las medias bajadas que dejan ver unas piernas llenas de cicatrices y costurones, a punto de emitir una serie de gruñidos trufada con tópicos sin vocalizar o, mejor, sin consonantizar, porque los jóvenes futbolistas hablan como los delincuentes de arrabal, arrastrando, alargando mucho las vocales, sobre todo las es, unas es que capitalizan cada una de sus alocuciones públicas, antes de arrancar unas frases de simplicidad palomina que no han de sorprender a nadie. Sin embargo, el dorsal cuatro no responde lo que hubiese contestado cualquier otro en su lugar, palabras sabidas sobre el esfuerzo y la mala suerte, divagantes monologuitos sobre la constancia (siempre la constancia) y los minutos que todavía quedan por jugar, porque él, a diferencia de los demás, ha estado escuchando, y con atención, a su interlocutor. Entonces el central se quita el sudor de la frente con la palma de la mano derecha. Continúa mirándolo, entre sorprendido e irritado, hasta que, al final, estalla.

–Virgen santa, ¿qué se supone que te tengo que contestar después de toda esta tabarra? ¿Cuál es la maldita pregunta?

Le dedica al informador un ambiguo gesto que puede significar muchas cosas (todas malas) y sale corriendo del rectángulo de juego para reunirse en el vestuario con sus compañeros y escuchar allí las instrucciones que el entrenador les va a dar de cara a la segunda parte. El periodista radiofónico da un prudente paso hacia atrás para no ser arrollado por el defensa y devuelve la conexión a los estudios centrales de la emisora.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La decimotercera prueba, en Un tiempo breve

El pasado sábado se presentó, en una emotiva jornada que se desarrolló en la Biblioteca Pública Enrique Trías, de Madrid, el libro colectivo Un tiempo breve, con el que conmemoramos el quinto aniversario del concurso de la web Esta noche te cuento. Cada autor colaboró con dos microrrelatos y mi aportación fue el titulado Revalorización y otro más antiguo, La decimotercera prueba, que reproduzco a continuación: 

LA DECIMOTERCERA PRUEBA 

Suelta la cachiporra y hunde la poderosa mano hidricida en el montón de sal como si buscara algo en él. Le da un buchito al aceite de oliva y juguetea con las zanahorias. Se limpia luego las manos en la piel del león de Nemea. Cuando cree que nadie lo ve, aparta el yogur, que tanto le recuerda al emplasto que comían los pastores tracios, y se lo ofrece a los gatitos que rondan por el puerto. Éstos lo olfatean, le dedican al héroe una mirada de olímpica indiferencia y marchan donde los pescadores, a ver si allí les cae alguna cosa de verdad apetecible.

– Podríamos añadirle manzana a la crema. Traje unas cuantas del Jardín de las Hespérides –sugiere sin otro objeto que el de ganar tiempo.

Euristeo disfruta del fracaso de Heracles quien, tras afrontar las doce pruebas anteriores, se muestra ahora incapaz de superar la definitiva. Después de encadenar tantas decepciones, el rey ríe y palmotea como un niño caprichoso al comprobar que el hijo de Zeus no sabe preparar la crema fría de lechuga con yogur griego que quiere incluir en el banquete en honor a los miembros más destacados del linaje de Perseo. Y el gato que acaricia en su regazo, complacido, también parece sonreír.

martes, 13 de diciembre de 2016

De blog en blog

Doblemente agradecido por el espacio que han dedicado a mis textos los blogs de El microrrelatista y de La Microbiblioteca:
  • el pasado viernes, Torcuato González me hizo un hueco en su veterano blog, todo un referente en el mundo del microrrelato en castellano, y publicó en él mi narración Madrid 2016
  • y hoy me he llevado una sorpresa al ver el ejemplar que le dediqué a La Microbiblioteca también en su blog, acompañado por los textos Eso y Dos de corazones. Además, en su Facebook, han tenido la amabilidad de calificar Producto interior muy bruto como “un dels millors llibres de microrelats publicats el 2016”. Así que más feliz uno no puede estar, ¿verdad?

viernes, 2 de diciembre de 2016

Noviembre pasó


Noviembre pasó y me dejó dos muy buenas noticias:
  • la publicación de un nuevo cuento de ajedrez, hasta la fecha inédito, en el número 125 de la revista Peón de Rey. El relato, titulado Los tableros rojos, escarba en las últimas mesas de los torneos abiertos de mi juego favorito. Que ya está bien de tanto Gran Maestro y de tanto Carlsen, caramba. La base también existe. 
  • la publicación de un relato de temática futbolística en la sección El (des)cuento del número 57 de la revista especializada Panenka. El texto, que lleva por título A pie de campo, gira alrededor de esas entrevistas absurdas que los periodistas deportivos perpetran a los futbolistas al término del tiempo de juego. Y, en él, me he permitido la licencia de incluir una serie de guiños para los seguidores del Júpiter. Porque yo lo valgo. Porque ellos lo valen. 
Noviembre quedó atrás y me dejó esta sonrisa tonta en los labios.

domingo, 27 de noviembre de 2016

El patio de luces

Cada mañana me asomo al patio de luces para verlo pasar. Aunque no tenga ropa que tender, cuando son las once y veintiocho, abro la ventana y espero a que salte. Es tan puntual y tan constante. Y educado: el suicida siempre consigue articular algo parecido a un buenos días en el escalofriante alarido que acompaña su trágica caída. Le respondo yo con el mismo saludo y le deseo, todos los días sin excepción, el peor de los aterrizajes. Ya sin ninguna convicción.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Azul

Distingo su silueta sobre la baranda de piedra. Dejo atrás la ropa recién tendida en la azotea. Oigo perfectamente cómo el viento que se ha levantado agita las sábanas húmedas cuando me aproximo a la gaviota. No se espanta. Al contrario. Me observa impertinente y retadora. Dudo unos instantes porque estos bichos siempre me han dado miedo. Las gaviotas y los enanos. Finalmente decido dar el último paso y la gaviota insolente abandona la baranda y se aleja batiendo las alas.

Dejo las pinzas de tender en el suelo. Me acodo y contemplo los bloques de enfrente. Las persianas a medio subir, la cortina que se agita en el balcón entreabierto, la vecina que riega los geranios. El perfil de la ciudad, tan característico, y, detrás, la línea azul oscuro trazada en el horizonte. Los reflejos plateados arrancados por el sol radiante de mediodía. El cielo diáfano. Y el viento, que trae hasta mí el aroma del salitre.

Disfruto de la vista y, sin embargo, la misma ciudad provoca en mí inquietud. El sonido de la hélice de un helicóptero lejano, las sirenas de las ambulancias, abajo, anuncian que algo extraordinario está pasando, ahora mismo, en Madrid.