jueves, 17 de septiembre de 2015

Las jugadas intermedias, según Topanaismo

Cortesía de mi amigo David Garrido, llegó por sorpresa este libro de temática ajedrecista, pasión compartida en otra época, y que el tuvo la inteligencia de dejar a tiempo.

Se trata de una buena cantidad de relatos breves y microrrelatos donde destaca la sorpresa, como el patito de la feliz portada, la mayoría de ellos intrahistorias del juego, la competición y los clubs de ajedrez, por lo que sólo el lector que conozca ese mundo tendrá el plus necesario para disfrutar en la lectura de este libro, como en los relatos Los Sordomudos, Zdzislaw Balka Busca Analista, La Mano Inocente, o Diluvio de Ideas, Lección Magistral, o el muy divertido microrrelato El Mamotreto:

Creo haber dado con la solución para aquellas personas que son incapaces de recordar que, para jugar al ajedrez, el cuadro blanco siempre ha de disponerse a la derecha de los contendientes. Y ésta no es otra que el tablero de nueve casillas. En los de nueve por nueve (en lugar de los tradicionales de ocho por ocho), el número impar de cuadros garantizaría que las casillas blancas coparan las cuatro esquinas sin perder ni alterar la esencia escaqueada del tablero por todos conocido. 

A mi modo de ver, sólo presentarían un inconveniente, que tendría, lógicamente, que estudiarse: ¿qué nueva pieza habría de incorporarse al juego para ocupar la columna adicional? Se me ocurren, a bote pronto, varias e imaginativas alternativas que expongo, a continuación, por si alguien quisiera tenerlas en consideración: el armatoste, por ejemplo, que movería tres casillas hacia delante y una a la derecha; el mamotreto (este nombre tan sólo es provisional, considerándose el cachivache como una opción viable al mismo), cuyo movimiento sería parecido al del juego de las damas, saltando por encima de las piezas propias; o el chirimbolo, que se desplazaría en diagonal de tres en tres escaques y que únicamente capturaría hacia atrás. Cualquiera de estas piezas, aquí dejo la idea, ocuparía la columna central, la columna e, entre el rey y la dama. Éstas son sólo, insisto, propuestas que habrían de ser sometidas a estudio por parte de una comisión establecida y avalada por la federación internacional porque, como ya dije más arriba, yo el problema que he resuelto es el del tablero. Lo otro lo dejo en manos de los expertos y de los profesionales del ajedrez. Faltaría más. 

Pero en mi opinión los mejores momentos del libro están en unos pocos relatos que sólo tocan tangencialmente el juego en sí, como en El Botánico Aficionado, Paridad o en el muy destacable El Método Infalible, que creo gustaría bastante a Monterroso..

Gracias, amigos de Topanaismo, por reseñar el libro en el blog. Y por la mención de Monterroso, del todo halagadora aunque, quizás, un pelín osada...

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