viernes, 7 de octubre de 2016

Producto interior muy bruto, según Sergi Allepuz


Que a tu primo le guste el libro que acabas de publicar no es algo demasiado noticiable. De hecho, la familia (en general, y los primos, en particular) está, además de para otras muchas cosas, para eso: para que le gusten los libros que acabas de publicar. Pero si tu primo resulta que es el ganador del XL Premio Cáceres de Novela Corta, entre otros, su opinión ya tiene un poquito más de peso que la del primo al uso.

Reproduzco, a continuación, la pequeña (y festiva) reseña literaria que me hizo llegar Sergi. Porque ése es su nombre: Sergi Allepuz. El autor de la laureada El prado verde de Jay McKay. El autor cuyas andanzas podéis seguir en su blog Rinconcete y Cortadillo

Reseña literaria de PRODUCTO INTERIOR MUY BRUTO, o la realidad del mundo según mi primo: David Vivancos Allepuz, un escritor de ideas claras y también de algunas obsesiones enfermizas, para qué nos vamos a engañar... 

Tras leer el libro que nos ocupa, mi primera impresión es que nos hallamos ante un escritor ya hecho, con estilo propio y muy concienzudo, que posee un nivelazo de vocabulario que ya querrían muchas vacas sagradas, y lleno de obsesiones propias y recurrentes, tales como la muerte, la crueldad, los niños y los payasos. 

De este modo, David, creando su propio mundo a base de un vocabulario hermoso y calculado, decorado con payasos terroríficos, niños insufribles, Papá Noeles o detalles carajilleros de la vida cotidiana de un barrio obrero de cualquier gran ciudad, nos muestra una colección de historias sobre la vida y, aún más, sobre la muerte y la crueldad humana, que dicen mucho del mundo interior y personal del autor, a pesar de que él, desesperada e infructuosamente, lo trate de blindar a base de zambombazos de hilarante ironía y/o sarcasmo que obligan al lector a reírse, bien sea en el autobús o en la consulta del dentista, ante la desconcertante mirada de propios y extraños. 

Respecto a ese humor, desternillante en algunos de los cuentos, destacaría, por distintos a los demás o por haberme sorprendido gratamente: "La mariqita" (así, sin la u, tal cual) e "Instrucciones para enviar cartas ahorrándose los sellos" (impresionante relato que incluso he compartido, leyéndolo en voz alta, a la familia, y que es de una enorme utilidad para todo aquel que, como yo, haga regular uso del servicio postal). 

¿Mis micros favoritos del libro? Pues los dos que ya he citado y "Tía Lourdes", "289", "Parque de atracciones", "Papanoeles sonrientes", y muchos, muchísimos más.

¡Gracias, Sergi!

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