viernes, 6 de abril de 2012

Pastores, venid

Apostado tras un arbusto espinoso, deja un instante el palo en el suelo para formar un cuenco con las manos y calentárselas con su propio aliento. Qué mal está el campo, qué mal, repite para sí. Otro, más fiel a la tradición, también trata de combatir el frío de la noche ejecutando con una quijada de burro golpes dirigidos a un enemigo invisible. El tercer pastor mastica distraídamente una hogaza de pan duro, oculto tras un pedrusco, al otro lado del camino, cuando el que hace de vigía les advierte de que ya se divisan los perfiles de los tres camellos. Llevando a esos excéntricos reyes de Oriente, cargados de riquezas y casi sin séquito. Apenas unos pajes bastante enclenques, tal como habían conseguido sonsacarle, a pedradas y puntapiés, a aquel tipo tan delicado que se les había aparecido, a deshoras, diciendo ser un ángel anunciador de no sabían exactamente qué cosa.

5 comentarios:

  1. Qué bueno, el problema está cuando se repartan el botín. ¿Quién se quedará con la mirra y el incienso?
    Enhorabuena por el libro, tiene muy buena pinta.

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  2. Jaja, está muy bueno.
    Nunca nos contaron la previa de aquella visita; otra prueba que desde tiempos inmemoriales el humano andaba diciendo eso de "no se puede confiar en nadie",

    Un abrazo.

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  3. La verdad es que el original es tan entretenido que luego sacarle punta y hacer versiones propias no tiene ningún mérito. Celebro que lo hayáis disfrutado. Ernesto, gracias por lo del libro. Al tuyo no ha de faltarle mucho, ¿no es así?

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