miércoles, 24 de julio de 2019

El extraño caso de Lord Carnwath

Watson certifica que el hombre está muerto. No se observan en él signos de violencia. Holmes se inclina sobre el cadáver de Lord Carnwath y recoge de la alfombra la pipa Author del abogado cuyo cuerpo yace junto a la chimenea encendida. Observa el caño y el estrechamiento de la cánula con detenimiento, estudia la cazoleta, huele las rizadas hebras antes de llevársela a la boca. Da una, dos, tres caladas. Asiente. La pipa no se ha apagado aún, tal y como ha supuesto, circunstancia que le ayuda a determinar el momento preciso de la muerte. Presiona ligeramente el tabaco con su propio atacador. Watson, entretanto, toma notas en un cuadernillo. Las densas volutas de humo ascienden formando caprichosas figuras en el aire enfermo de la estancia. Aspira reflexiva y uniformemente mientras estudia la disposición del tintero y de las cuartillas sobre el escritorio, mientras trata de comprender por dónde ha huido el asesino de un estudio sin salida aparente. El humo dulzón parece disiparse con la pausa de los movimientos de Holmes y pierde altura, desciende suave y envolvente hasta enroscarse alrededor del cuello del famoso detective.

Le pregunta Watson si conoce ya el nombre del asesino y un elemental agónico se ahoga en la garganta de Holmes, que pierde, a continuación, el sentido. El doctor corre hacia él, le toma la muñeca y trata, sin fortuna, de encontrarle el pulso.

2 comentarios:

  1. Bien llevado y, sobre todo, escrito con mimo.

    ¡Soy una persona real!

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    1. Ay, Elisa, ¡qué ilusión! ¡A mis brazos! Gracias por tu comentario y por tu ayuda en la resolución de este difícil caso de Holmes ;)

      Besoooos,

      D.

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