jueves, 31 de mayo de 2012

Que hable ahora...

"¡Detengan esta boda!", vociferó uno de los invitados desde la última fila. Acompañó la orden con una palabrota que provocó que la abuela de la novia, una venerable dama con un vestido color yema de huevo campero muy poco apropiado, se tapara los oídos con ambas manos. Se giraron los asistentes, indignados. El joven avanzó en dirección al altar esgrimiendo un cuadro, una orla enmarcada desde la cual casi un centenar de jóvenes licenciados con birrete sonreían con orgullo mal disimulado a los presentes. "¡Sepan que este hombre… este hombre es…!", aceleró el discurso, intuyendo su inminente detención, a la vez que señalaba con el dedo al novio, "este hombre es… ¡abogado… de la SGAE!". "¡No!", gritó el cura y se llevó las manos a la cabeza. La novia, entonces, se desmayó. Un ahogado rumor de decepción se adueñó de la iglesia. Desenmascarado el novio, de rodillas, rompió a llorar.

11 comentarios:

  1. Jajajajaja, gracias por las risas.

    Besos desde el aire

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    1. A ti, Rosa. Por lo mismo.

      Un abrazo desde tierra,

      D.

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  2. Precisamente ayer vi en la tele al rey del pollo frito y parecía más un perroflauta que lo que fue en su época. Hay cosas que no pueden perdonarse, o mejor, que no tienen perdón, y ahora ya hablo del relato. O de su contenido. Abrazos cruentos, David.

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    1. Abrazos, Víctor, gracias por pasarte por aquí. Nos vemos el año que viene en el estadio del Balaguer, jejeje.

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  3. Gracias, Manuel, celebro que el relato haya provocado el efecto deseado.

    Un saludo,

    D.

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  4. Spanjaard, sospechaba que sería de su gusto. ¿Ha iniciado la lectura de Cruentos ejemplares y otras microficciones? Su opinión me interesa sobremanera.

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  5. ¡Fantástico, Don David! Ya tengo ganas yo de echarle la mano a esos Cruentos.

    Mi gusta la ironía crítica que desborda el relato.

    Un abrazo,

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    1. Don Pedro, ¡ya lo hacía en su poder! No retrases mucho su lectura, no vaya a ser que pierdas ese punto de interés que he conseguido despertarte con los Cruentos... jejeje.

      Un abrazo, amigo,

      D.

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  6. Muy divertido, lo que menos me imaginaba. Es un delito horrible...

    Besitos

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