Comprobó la etiquetita que colgaba de la correa y dejó mi reloj encima del mostrador. Pregunté si había podido arreglarlo. Negó con la cabeza. Es demasiado viejo, dijo.
Quiso luego que lo cogiera. Sé que es un reloj antiguo, comenté como si me excusara, ya con él en la mano. No, señor, no es antiguo, es viejo, insistió. Y, señalándome la esfera con el dedo, inclinado sobre el mostrador, me enseñó todas las pequeñas arrugas que la surcaban, inadvertidas hasta entonces por mí. La maquinaria está perfecta, corroboró con pesadumbre, pero ha olvidado para qué sirve.
Pobre relojito mío, lamenté con un nudo en la garganta, al ver confirmadas mis sospechas.
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viernes, 20 de diciembre de 2013
lunes, 4 de noviembre de 2013
Almohada insomne
Mi almohada padece de insomnio. Siempre que se lo comento a alguien pone cara de extrañeza. Como usted ahora mismo. Pero es así, no logra dormir. No para de moverse tratando de conseguir la postura que le permita conciliar el sueño y, cuando se cansa de dar vueltas, se levanta y va por el pasillo arriba y abajo. Toda la noche. Parece sonámbula pero, claro, qué más quisiera ella que serlo. Significaría que, al menos, duerme, ¿a que sí? Deambula hasta que se aburre y vuelve a la cama y se repite de nuevo todo el ritual.
Es por eso por lo que yo descanso tan mal. Pero, ojo, para nada la causa de que me duerma y acabe llegando siempre tarde al trabajo. No, no, ni mucho menos. La culpa de mis retrasos la tiene el despertador. Se me queda dormido y no suena, ¿qué le parece? Tiene narcolepsia. Qué desastre. Ahora que pienso, ojalá intercambiaran sus males. Sería lo ideal, ¿verdad?
(Podéis escuchar este texto en Los jardines de Puck, por gentileza de Mar G. Mena)
Es por eso por lo que yo descanso tan mal. Pero, ojo, para nada la causa de que me duerma y acabe llegando siempre tarde al trabajo. No, no, ni mucho menos. La culpa de mis retrasos la tiene el despertador. Se me queda dormido y no suena, ¿qué le parece? Tiene narcolepsia. Qué desastre. Ahora que pienso, ojalá intercambiaran sus males. Sería lo ideal, ¿verdad?
(Podéis escuchar este texto en Los jardines de Puck, por gentileza de Mar G. Mena)
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