Puertabierta Editores acaba de publicar Peón envenenado, una nueva antología de cuentos de ajedrez coordinada por Sergio Gaut vel Hartman. Participan en la misma un total de veintisiete autores de México, Argentina, España, Uruguay y Portugal, con cincuenta y dos textos. Colaboro en la antología con cinco cuentos Paridad, El vejete, Un tipo raro, Miguel Strogoff. Capítulo XXXIII y Uno de espías.
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martes, 12 de abril de 2016
martes, 26 de enero de 2016
Charla en Tordesillas
El taller de creación literaria Mar de incertidumbres me ha invitado a una charla que tendrá lugar el próximo viernes 29 de enero en Tordesillas. El acto, que girará en torno al universo bicolor de Las jugadas intermedias, tendrá lugar en las Casas del Tratado, a partir de las 18 horas. Además de a los miembros del taller y a los socios del Club Ajedrez Reina Juana de Tordesillas, espero contar con vuestra presencia. Porque estáis todos invitados.
Mi más sincero agradecimiento a quienes han hecho posible este encuentro.
Mi más sincero agradecimiento a quienes han hecho posible este encuentro.
lunes, 9 de noviembre de 2015
Las jugadas intermedias, según Miguel Baquero
Siempre he defendido que, a la hora de escribir, o de “montar”, un libro de cuentos para ser publicado, es fundamental su planificación. Y con esto no me refiero a esa regla “tallerística” de que el autor coloque el que considere mejor primero, oculte o disimule los que crea algo más flojos hacia el medio, y acabe con otro que también tenga en estima, para dejar un buen sabor de boca. No me refiero a esa planificación “táctica”, sino a otra, que podría llamar con bastante pedantería “estratégica”, que contemple el volumen de cuentos como, en efecto, un conjunto cerrado con sus propias reglas, un libro sólido, no un “totum revolutuum” o cajón de sastre donde soltar y apretujar los excedentes del cajón de distintas épocas.
Para ello —siempre a mi gusto, por supuesto—, los cuentos tienen que tener algo que los unifique, ya sea una atmósfera, un tono, una intención… o ya sea que todos tocan un mismo tema o suceden en un mismo lugar o una misma época. De preferir, prefiero lo primero, que los unifique el tono, el ritmo, el clima, y elementos más literarios, que lo segundo, que depende de factores digamos más “externos” o más obvios. Pero es una cuestión quizás subjetiva, porque todo, en último caso, depende de la calidad de la escritura.
A lo que quería ir con todo esto es que el nuevo libro de David Vivancos, en principio, me cogió frío: un libro de treinta relatos sobre un tema tan minúsculo —aunque los aficionados lo alcen a las nubes, pero al fin tan minúsculo— como el ajedrez. Donde, con cuentos de mediana extensión, iban mezclados hiperbreves, modalidad en la que, por cierto, el autor ha participado en varias antologías.
Pese a esa pequeña prevención inicial, marcada por lo restringido del tema, Las jugadas intermedias, pronto lo advierte el lector, es un gran libro. Un gran libro sobre un juego que éste particularmente que reseña, y que apenas si sabe mover las piezas, no sabía pudiera tener tantas aristas, tanto trasfondo, tantas posibilidades narrativas. Vivancos, con un pulso muy firme, va dejando caer sus historias sobre cada una de estas facetas, cada uno de estos escaques, y apretando luego el reloj, para que el lector comience a degustar el relato. Hay cuentos donde se nos habla de viejos jugadores fracasados, de jugadores triunfantes también; otros en que se nos habla de trampas, que también las hay y, por cierto, muy ingeniosas; o de la amistad que puede surgir entre jugadores, así como las inquinas ocultas… por contar, se nos cuenta incluso, siempre con muy gran firmeza y seguridad en la escritura, como deben jugar los grandes maestros, se nos cuenta, decía, los sueños de un jugador, o fantasías sobre plantas en que florecen alfiles, caballos, damas…
Todo un pequeño universo, en resumen, con sus grandes dramas, pero también sus pequeñas anécdotas. Con sitio para el humor, que en general tiñe todos los relatos, pero también para la seriedad. Un microcosmos creado en treinta cuentos, treinta casillas, que cumple con el principal requisito que, en mi opinión, debe tener un texto literario de calidad, y que no es otro que su capacidad para introducir al lector en un universo distinto, extraño, artístico… y fascinante, no sólo para quien sabe y disfruta del juego, sino para cualquier lector que guste de la buena literatura.
Gracias, Miguel, por tu generosa reseña publicada en el blog literario La tormenta en un vaso.
Para ello —siempre a mi gusto, por supuesto—, los cuentos tienen que tener algo que los unifique, ya sea una atmósfera, un tono, una intención… o ya sea que todos tocan un mismo tema o suceden en un mismo lugar o una misma época. De preferir, prefiero lo primero, que los unifique el tono, el ritmo, el clima, y elementos más literarios, que lo segundo, que depende de factores digamos más “externos” o más obvios. Pero es una cuestión quizás subjetiva, porque todo, en último caso, depende de la calidad de la escritura.
A lo que quería ir con todo esto es que el nuevo libro de David Vivancos, en principio, me cogió frío: un libro de treinta relatos sobre un tema tan minúsculo —aunque los aficionados lo alcen a las nubes, pero al fin tan minúsculo— como el ajedrez. Donde, con cuentos de mediana extensión, iban mezclados hiperbreves, modalidad en la que, por cierto, el autor ha participado en varias antologías.
Pese a esa pequeña prevención inicial, marcada por lo restringido del tema, Las jugadas intermedias, pronto lo advierte el lector, es un gran libro. Un gran libro sobre un juego que éste particularmente que reseña, y que apenas si sabe mover las piezas, no sabía pudiera tener tantas aristas, tanto trasfondo, tantas posibilidades narrativas. Vivancos, con un pulso muy firme, va dejando caer sus historias sobre cada una de estas facetas, cada uno de estos escaques, y apretando luego el reloj, para que el lector comience a degustar el relato. Hay cuentos donde se nos habla de viejos jugadores fracasados, de jugadores triunfantes también; otros en que se nos habla de trampas, que también las hay y, por cierto, muy ingeniosas; o de la amistad que puede surgir entre jugadores, así como las inquinas ocultas… por contar, se nos cuenta incluso, siempre con muy gran firmeza y seguridad en la escritura, como deben jugar los grandes maestros, se nos cuenta, decía, los sueños de un jugador, o fantasías sobre plantas en que florecen alfiles, caballos, damas…
Todo un pequeño universo, en resumen, con sus grandes dramas, pero también sus pequeñas anécdotas. Con sitio para el humor, que en general tiñe todos los relatos, pero también para la seriedad. Un microcosmos creado en treinta cuentos, treinta casillas, que cumple con el principal requisito que, en mi opinión, debe tener un texto literario de calidad, y que no es otro que su capacidad para introducir al lector en un universo distinto, extraño, artístico… y fascinante, no sólo para quien sabe y disfruta del juego, sino para cualquier lector que guste de la buena literatura.
Gracias, Miguel, por tu generosa reseña publicada en el blog literario La tormenta en un vaso.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Las jugadas intermedias, según Topanaismo
Cortesía de mi amigo David Garrido, llegó por sorpresa este libro de temática ajedrecista, pasión compartida en otra época, y que el tuvo la inteligencia de dejar a tiempo.
Se trata de una buena cantidad de relatos breves y microrrelatos donde destaca la sorpresa, como el patito de la feliz portada, la mayoría de ellos intrahistorias del juego, la competición y los clubs de ajedrez, por lo que sólo el lector que conozca ese mundo tendrá el plus necesario para disfrutar en la lectura de este libro, como en los relatos Los Sordomudos, Zdzislaw Balka Busca Analista, La Mano Inocente, o Diluvio de Ideas, Lección Magistral, o el muy divertido microrrelato El Mamotreto:
Creo haber dado con la solución para aquellas personas que son incapaces de recordar que, para jugar al ajedrez, el cuadro blanco siempre ha de disponerse a la derecha de los contendientes. Y ésta no es otra que el tablero de nueve casillas. En los de nueve por nueve (en lugar de los tradicionales de ocho por ocho), el número impar de cuadros garantizaría que las casillas blancas coparan las cuatro esquinas sin perder ni alterar la esencia escaqueada del tablero por todos conocido.
A mi modo de ver, sólo presentarían un inconveniente, que tendría, lógicamente, que estudiarse: ¿qué nueva pieza habría de incorporarse al juego para ocupar la columna adicional? Se me ocurren, a bote pronto, varias e imaginativas alternativas que expongo, a continuación, por si alguien quisiera tenerlas en consideración: el armatoste, por ejemplo, que movería tres casillas hacia delante y una a la derecha; el mamotreto (este nombre tan sólo es provisional, considerándose el cachivache como una opción viable al mismo), cuyo movimiento sería parecido al del juego de las damas, saltando por encima de las piezas propias; o el chirimbolo, que se desplazaría en diagonal de tres en tres escaques y que únicamente capturaría hacia atrás. Cualquiera de estas piezas, aquí dejo la idea, ocuparía la columna central, la columna e, entre el rey y la dama. Éstas son sólo, insisto, propuestas que habrían de ser sometidas a estudio por parte de una comisión establecida y avalada por la federación internacional porque, como ya dije más arriba, yo el problema que he resuelto es el del tablero. Lo otro lo dejo en manos de los expertos y de los profesionales del ajedrez. Faltaría más.
Pero en mi opinión los mejores momentos del libro están en unos pocos relatos que sólo tocan tangencialmente el juego en sí, como en El Botánico Aficionado, Paridad o en el muy destacable El Método Infalible, que creo gustaría bastante a Monterroso..
Gracias, amigos de Topanaismo, por reseñar el libro en el blog. Y por la mención de Monterroso, del todo halagadora aunque, quizás, un pelín osada...
Se trata de una buena cantidad de relatos breves y microrrelatos donde destaca la sorpresa, como el patito de la feliz portada, la mayoría de ellos intrahistorias del juego, la competición y los clubs de ajedrez, por lo que sólo el lector que conozca ese mundo tendrá el plus necesario para disfrutar en la lectura de este libro, como en los relatos Los Sordomudos, Zdzislaw Balka Busca Analista, La Mano Inocente, o Diluvio de Ideas, Lección Magistral, o el muy divertido microrrelato El Mamotreto:
Creo haber dado con la solución para aquellas personas que son incapaces de recordar que, para jugar al ajedrez, el cuadro blanco siempre ha de disponerse a la derecha de los contendientes. Y ésta no es otra que el tablero de nueve casillas. En los de nueve por nueve (en lugar de los tradicionales de ocho por ocho), el número impar de cuadros garantizaría que las casillas blancas coparan las cuatro esquinas sin perder ni alterar la esencia escaqueada del tablero por todos conocido.
A mi modo de ver, sólo presentarían un inconveniente, que tendría, lógicamente, que estudiarse: ¿qué nueva pieza habría de incorporarse al juego para ocupar la columna adicional? Se me ocurren, a bote pronto, varias e imaginativas alternativas que expongo, a continuación, por si alguien quisiera tenerlas en consideración: el armatoste, por ejemplo, que movería tres casillas hacia delante y una a la derecha; el mamotreto (este nombre tan sólo es provisional, considerándose el cachivache como una opción viable al mismo), cuyo movimiento sería parecido al del juego de las damas, saltando por encima de las piezas propias; o el chirimbolo, que se desplazaría en diagonal de tres en tres escaques y que únicamente capturaría hacia atrás. Cualquiera de estas piezas, aquí dejo la idea, ocuparía la columna central, la columna e, entre el rey y la dama. Éstas son sólo, insisto, propuestas que habrían de ser sometidas a estudio por parte de una comisión establecida y avalada por la federación internacional porque, como ya dije más arriba, yo el problema que he resuelto es el del tablero. Lo otro lo dejo en manos de los expertos y de los profesionales del ajedrez. Faltaría más.
Pero en mi opinión los mejores momentos del libro están en unos pocos relatos que sólo tocan tangencialmente el juego en sí, como en El Botánico Aficionado, Paridad o en el muy destacable El Método Infalible, que creo gustaría bastante a Monterroso..
Gracias, amigos de Topanaismo, por reseñar el libro en el blog. Y por la mención de Monterroso, del todo halagadora aunque, quizás, un pelín osada...
lunes, 7 de septiembre de 2015
Las jugadas intermedias, según Elena Casero
No voy a ocultar que no entiendo nada de ajedrez. Excepto cuatro clásicos movimientos y el término jaque mate. Del resto de tan insigne y antiguo juego y ejercicio mental sólo me resta añadir que siento envidia.
También es cierto que no hace falta saber música para leer una novela sobre pianistas.
Aparte de estas consideraciones, he leído el libro “Las jugadas intermedias” de David Vivancos Allepuz con agrado y mucho. 30 relatos, algunos micros, que demuestran que sabe de ajedrez y de escritura.
Los relatos, todos basados en este juego, son muy entretenidos, variados, con un magnífico sentido del humor, donde la ironía se hace notar, donde es imposible no esbozar más de una sonrisa, como en el relato El mamotreto. Quiero destacar el de Paridad. Un golpe genial a tanto compañeras y compañeros, colegas y colegos.
Los personajes no suelen ser grandes maestros del ajedrez. En su mayoría son aficionados apasionados, como es el caso del relato de El hombre alfil o el de El botánico aficionado. Gente que vive el ajedrez de manera visceral,
Componentes de clubes, unos rivales y otros amigos, como en el relato Los sordomudos, divertido relato cuyo transfondo preveo real, como sucede en el Mi gin-tonic de media tarde.
Perdedores y tramposos. Un relato divertido el de Zdzislaw Balka busca analista, Trampas, el de La mano inocente o el de Lección magistral.
Ajedrez y literatura combinados de manera excelente y aderezado todo con un toque de ironía. Una combinación muy buena.
Gracias, Elena, por la reseña publicada en De libros y lecturas.
También es cierto que no hace falta saber música para leer una novela sobre pianistas.
Aparte de estas consideraciones, he leído el libro “Las jugadas intermedias” de David Vivancos Allepuz con agrado y mucho. 30 relatos, algunos micros, que demuestran que sabe de ajedrez y de escritura.
Los relatos, todos basados en este juego, son muy entretenidos, variados, con un magnífico sentido del humor, donde la ironía se hace notar, donde es imposible no esbozar más de una sonrisa, como en el relato El mamotreto. Quiero destacar el de Paridad. Un golpe genial a tanto compañeras y compañeros, colegas y colegos.
Los personajes no suelen ser grandes maestros del ajedrez. En su mayoría son aficionados apasionados, como es el caso del relato de El hombre alfil o el de El botánico aficionado. Gente que vive el ajedrez de manera visceral,
Componentes de clubes, unos rivales y otros amigos, como en el relato Los sordomudos, divertido relato cuyo transfondo preveo real, como sucede en el Mi gin-tonic de media tarde.
Perdedores y tramposos. Un relato divertido el de Zdzislaw Balka busca analista, Trampas, el de La mano inocente o el de Lección magistral.
Ajedrez y literatura combinados de manera excelente y aderezado todo con un toque de ironía. Una combinación muy buena.
Gracias, Elena, por la reseña publicada en De libros y lecturas.
viernes, 21 de agosto de 2015
Las jugadas intermedias, según José Miguel García Torres
De la pluma de David Vivancos Allepuz y la iniciativa de Juan Ramón Jerez López, nace este simpático libro de relatos ajedrecísticos salpimentado con algunos microrrelatos que, no solo dan sentido al título, sino que acentúan el estilo alegre y desenfadado del autor.
Historias completamente verosímiles se entremezclan con otras rebosantes de fantasía, algunas incluso con tintes surrealistas. Se trata, aparentemente, de un libro sin más pretensión que la de entretener al lector, pero entre sus páginas también hay lugar para la ironía y la crítica, que a veces se extiende más allá del ámbito ajedrecístico.
Es inevitable que un libro de estas características tenga sus altibajos, ya que algunos relatos siempre gustan más que otros. Pese a todo, el resultado final es el de un libro entretenido que deja una buena impresión y que, una vez finalizado, invita a revisar algunos de sus relatos como si se tratase del resumen de las mejores jugadas de un partido. Así me pasó con el simpático microrrelato "Lección magistral", ante el que el aficionado con hijos pequeños difícilmente podrá reprimir una sonrisa cómplice. Tampoco me dejó indiferente el sorprendente desenlace de "Zdzislaw Balka busca analista", sin duda un jaque mate en toda regla; ni lo absurdo de “Trampas”, ni la sutil crítica de “La semifinal”, ni la última jugada del Pistolero en “Partida aplazada”, ni la desasosegante versión del Dios los cría y ellos se juntan que se plantea en “El método infalible”.
Entre los logros de esta edición, hay que mencionar la excelente fotografía de portada de David Llada, que resume perfectamente el concepto de los microrrelatos insertados a lo largo del libro a modo de cuerpos extraños. Al igual que la escurridiza jugada intermedia que se esconde en una larga variante, el inesperado patito no solo sorprende con su presencia entre las serias y solemnes piezas de ajedrez, sino que -como la prosa de David Vivancos- aporta un toque alegre y desenfadado al conjunto. Todo un preludio de lo que el lector encontrará entre las páginas del libro.
Si te gusta leer y te gusta el ajedrez, no lo dudes: ¡Adopta un patito!
Gracias, José Miguel, por la reseña publicada en el grupo Viciosos del ajedrez.
Historias completamente verosímiles se entremezclan con otras rebosantes de fantasía, algunas incluso con tintes surrealistas. Se trata, aparentemente, de un libro sin más pretensión que la de entretener al lector, pero entre sus páginas también hay lugar para la ironía y la crítica, que a veces se extiende más allá del ámbito ajedrecístico.
Es inevitable que un libro de estas características tenga sus altibajos, ya que algunos relatos siempre gustan más que otros. Pese a todo, el resultado final es el de un libro entretenido que deja una buena impresión y que, una vez finalizado, invita a revisar algunos de sus relatos como si se tratase del resumen de las mejores jugadas de un partido. Así me pasó con el simpático microrrelato "Lección magistral", ante el que el aficionado con hijos pequeños difícilmente podrá reprimir una sonrisa cómplice. Tampoco me dejó indiferente el sorprendente desenlace de "Zdzislaw Balka busca analista", sin duda un jaque mate en toda regla; ni lo absurdo de “Trampas”, ni la sutil crítica de “La semifinal”, ni la última jugada del Pistolero en “Partida aplazada”, ni la desasosegante versión del Dios los cría y ellos se juntan que se plantea en “El método infalible”.
Entre los logros de esta edición, hay que mencionar la excelente fotografía de portada de David Llada, que resume perfectamente el concepto de los microrrelatos insertados a lo largo del libro a modo de cuerpos extraños. Al igual que la escurridiza jugada intermedia que se esconde en una larga variante, el inesperado patito no solo sorprende con su presencia entre las serias y solemnes piezas de ajedrez, sino que -como la prosa de David Vivancos- aporta un toque alegre y desenfadado al conjunto. Todo un preludio de lo que el lector encontrará entre las páginas del libro.
Si te gusta leer y te gusta el ajedrez, no lo dudes: ¡Adopta un patito!
Gracias, José Miguel, por la reseña publicada en el grupo Viciosos del ajedrez.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Las jugadas intermedias, según Mariano García Díez (Artedrez)
Quienquiera que fuera quien inventara esa forma forzada de hablar que tienen los políticos y las políticas y los progres y las progres, la cual los y las obliga a referirse en sus grandilocuentes parlamentos a los ciudadanos y a las ciudadanas y a los trabajadores y a las trabajadoras y a los desempleados y a las desempleadas y a los pensionistas y a las pensionistas, y así hasta decir basta, cayó en la cuenta, fíjate tú, de que al ajedrez se jugaba con cuatro caballos y con ninguna yegua.
La cita que encabeza esta nota pertenece a Paridad, uno de los relatos de "Las jugadas intermedias" de David Vivancos Allepuz (Editado por "Letras de autor" con el patrocinio del editor, promotor y animador ajedrecístico José Ramón Jerez de "Ideas Deportivas Canarias").
No es "Las jugadas intermedias" la primera incursión del autor en la ficción de temática ajedrecística pues ya publicó en 2004 "Mate en 30" (Ajuntament de Barcelona, 2004) y también lo hizo con cierta regularidad en la tristemente desaparecida revista Jaque. El volumen que nos ocupa reúne otros 30 relatos, algunos más bien microrrelatos, centrados en el mundo del ajedrez. Del ajedrez no profesional, del ajedrez de los aficionados, de los jugadores de club, de sus manías, de sus fobias y filias...
Personalmente, la temática del libro me ha resultado tan familiar como perturbadora. Familiar porque como viejo jugador de club, muchas de las situaciones descritas son tan similares (lo relatado en Los sordomudos me pasó tal cual se describe en el cuento hace mil años en la liga madrileña) a las que yo he vivido que pareciera que el autor me hubiera espiado por encima del hombro. Perturbadora por lo mismo. ¿Somos tan predecibles, tan parecidos, tan tramposos en todas partes? Literatura para ajedrecistas ante todo; me cabe la duda, sin embargo, de si le resultará tan interesante al lector no especializado.
Quien desee seguir la actividad del autor puede visitar su blog Grimas y leyendas.
La fotografía que ilustra la cubierta del libro es de David Llada.
FICHA TÉCNICA
DAVID VIVANCOS ALLEPUZ
LAS JUGADAS INTERMEDIAS
LETRAS DE AUTOR. MADRID, 2015
Gracias, Mariano, por la reseña publicada en Artedrez.
La cita que encabeza esta nota pertenece a Paridad, uno de los relatos de "Las jugadas intermedias" de David Vivancos Allepuz (Editado por "Letras de autor" con el patrocinio del editor, promotor y animador ajedrecístico José Ramón Jerez de "Ideas Deportivas Canarias").
No es "Las jugadas intermedias" la primera incursión del autor en la ficción de temática ajedrecística pues ya publicó en 2004 "Mate en 30" (Ajuntament de Barcelona, 2004) y también lo hizo con cierta regularidad en la tristemente desaparecida revista Jaque. El volumen que nos ocupa reúne otros 30 relatos, algunos más bien microrrelatos, centrados en el mundo del ajedrez. Del ajedrez no profesional, del ajedrez de los aficionados, de los jugadores de club, de sus manías, de sus fobias y filias...
Personalmente, la temática del libro me ha resultado tan familiar como perturbadora. Familiar porque como viejo jugador de club, muchas de las situaciones descritas son tan similares (lo relatado en Los sordomudos me pasó tal cual se describe en el cuento hace mil años en la liga madrileña) a las que yo he vivido que pareciera que el autor me hubiera espiado por encima del hombro. Perturbadora por lo mismo. ¿Somos tan predecibles, tan parecidos, tan tramposos en todas partes? Literatura para ajedrecistas ante todo; me cabe la duda, sin embargo, de si le resultará tan interesante al lector no especializado.
Quien desee seguir la actividad del autor puede visitar su blog Grimas y leyendas.
La fotografía que ilustra la cubierta del libro es de David Llada.
FICHA TÉCNICA
DAVID VIVANCOS ALLEPUZ
LAS JUGADAS INTERMEDIAS
LETRAS DE AUTOR. MADRID, 2015
Gracias, Mariano, por la reseña publicada en Artedrez.
miércoles, 29 de julio de 2015
Las jugadas intermedias, según Pedro Herrero
Un breve apunte sobre el libro "Las jugadas intermedias", de David Vivancos, para opinar que, sin menoscabo de su declarada admiración por el humor de Hector Hugh Munro (Saki), yo lo veo cercano también al universo de otro gran escritor en lengua inglesa: P. G. Wodehouse.
David habla del ajedrez en sus relatos con tanta pasión como Wodehouse lo hace sobre el golf en los suyos: dando entrada sin ningún tipo de pudor a las características y a la nomenclatura propia del juego, y logrando que se integren en la trama como elementos sin los cuales la historia carecería de interés. Con ello, el autor alcanza dos objetivos: complacer al lector entendido en el juego de Reyes, y abrir el apetito al neófito que, no conforme con disfrutar de los relatos, acaso considere la posibilidad de iniciarse en una actividad intelectual tan atractiva y llena de alicientes.
En este sentido (a la hora de llamar la atención del lector no ilustrado) cabe reseñar que el personaje protagonista de las historias no es un jugador profesional, sino un aficionado ferviente, contumaz, equidistante de quienes conocen las particularidades del juego como de quienes no se han sentado en su vida frente al tablero de 64 casillas. Es a través de ese personaje, de esa mirada ávida de acumular experiencias que sirvan de aprendizaje, como David consigue involucrar a tan amplio espectro de lectores, muchos de los cuales no tendrán más remedio de preguntarse si se hallan frente a un ajedrecista que escribe, o frente a un escritor que juega al ajedrez.
Gracias, Pedro, por la reseña.
David habla del ajedrez en sus relatos con tanta pasión como Wodehouse lo hace sobre el golf en los suyos: dando entrada sin ningún tipo de pudor a las características y a la nomenclatura propia del juego, y logrando que se integren en la trama como elementos sin los cuales la historia carecería de interés. Con ello, el autor alcanza dos objetivos: complacer al lector entendido en el juego de Reyes, y abrir el apetito al neófito que, no conforme con disfrutar de los relatos, acaso considere la posibilidad de iniciarse en una actividad intelectual tan atractiva y llena de alicientes.
En este sentido (a la hora de llamar la atención del lector no ilustrado) cabe reseñar que el personaje protagonista de las historias no es un jugador profesional, sino un aficionado ferviente, contumaz, equidistante de quienes conocen las particularidades del juego como de quienes no se han sentado en su vida frente al tablero de 64 casillas. Es a través de ese personaje, de esa mirada ávida de acumular experiencias que sirvan de aprendizaje, como David consigue involucrar a tan amplio espectro de lectores, muchos de los cuales no tendrán más remedio de preguntarse si se hallan frente a un ajedrecista que escribe, o frente a un escritor que juega al ajedrez.
Gracias, Pedro, por la reseña.
jueves, 16 de julio de 2015
Trampas
Ya en el siglo XIII, Alfonso X, llamado el Sabio, señalaba en su notable tratado Libro de ajedrez, dados y tablas la conveniencia de sentar al ajedrecista rival enfrentado al sol, con el objeto de dificultarle la concentración y perjudicar su rendimiento durante la partida. Las fórmulas ilícitas de sacar ventaja han evolucionado hasta el uso actual de dispositivos electrónicos, de los cuales me confieso auténtico analfabeto. Sin desmerecer la vigencia de los consejos del rey castellano ni la eficacia de la aplicación de las nuevas tecnologías al ajedrez, prefiero jugar con los escaques de mi tablero marcados con unas muescas apenas visibles cuyo significado sólo yo conozco. Y con las piezas cargadas, las mías y las del oponente, como se cargan los dados de los casinos, porque me incomoda y me disgusta dejar nada en manos del azar.
domingo, 28 de junio de 2015
Las jugadas intermedias: el presentador
Ya estamos en disposición de anunciaros que el escritor Eduardo Margaretto será quien me acompañe en la presentación en Barcelona de Las jugadas intermedias del próximo 9 de julio. Una presentación que Margaretto augura, una vez leído el libro, “guapa”. No se me ocurre mejor publicidad para el evento, dicho sea de paso.
Eduardo Margaretto se traslada de Barcelona a Madrid a principios de los ochenta y allí publica sus primeros artículos en revistas musicales y las biografías de Franco Battiato y Elvis Costello para Ediciones Cátedra. Tras ejercer un año de mánager de La Banda Trapera del Río, vuelve a Barcelona en 1995, donde se dedica a la traducción, oficio que compagina con, según leemos en su biografía, otros trabajos editoriales como “colaborador en revistas literarias (Lateral, Pequeña Italia o Alga), lector en Círculo de Lectores, redactor, escribidor de guías de viaje y libros de texto, realizador y presentador de programas culturales en BTV y, durante seis años, jefe de redacción de la revista de arquitectura Eupalinos“. En 2014, Alrevés le editó la biografía John Fante, vidas y obra. Como un soneto sin estrambote. Su libro sobre el escritor norteamericano fue considerado por el diario ABC una de las cinco mejores obras de no ficción publicadas en España el año pasado y fue presentado con éxito en el Salón Internacional del Libro de Turín. Tanto que pronto regresara a Italia, invitado por la organización del X Festival que en honor de John Fante se celebra cada agosto en Torricella Peligna
Federado en el Centre d'Esports Agustí desde el año 2000, fue el impulsor del encuentro que enfrentó en Malta a los ajedrecistas de su club contra los integrantes de la selección olímpica de la isla. Cubrió para la prensa especializada las Olímpiadas de Ajedrez de Calvià y Turín. Años antes de fichar por el club del Raval, había jugado en el Amigos de la Unión Soviética, de Madrid.
Eduardo Margaretto se traslada de Barcelona a Madrid a principios de los ochenta y allí publica sus primeros artículos en revistas musicales y las biografías de Franco Battiato y Elvis Costello para Ediciones Cátedra. Tras ejercer un año de mánager de La Banda Trapera del Río, vuelve a Barcelona en 1995, donde se dedica a la traducción, oficio que compagina con, según leemos en su biografía, otros trabajos editoriales como “colaborador en revistas literarias (Lateral, Pequeña Italia o Alga), lector en Círculo de Lectores, redactor, escribidor de guías de viaje y libros de texto, realizador y presentador de programas culturales en BTV y, durante seis años, jefe de redacción de la revista de arquitectura Eupalinos“. En 2014, Alrevés le editó la biografía John Fante, vidas y obra. Como un soneto sin estrambote. Su libro sobre el escritor norteamericano fue considerado por el diario ABC una de las cinco mejores obras de no ficción publicadas en España el año pasado y fue presentado con éxito en el Salón Internacional del Libro de Turín. Tanto que pronto regresara a Italia, invitado por la organización del X Festival que en honor de John Fante se celebra cada agosto en Torricella Peligna
Federado en el Centre d'Esports Agustí desde el año 2000, fue el impulsor del encuentro que enfrentó en Malta a los ajedrecistas de su club contra los integrantes de la selección olímpica de la isla. Cubrió para la prensa especializada las Olímpiadas de Ajedrez de Calvià y Turín. Años antes de fichar por el club del Raval, había jugado en el Amigos de la Unión Soviética, de Madrid.
lunes, 22 de junio de 2015
Las jugadas intermedias: la prologuista
La ajedrecista Patricia Llaneza Vega firma el titulado “Prólogo a la edición asturiana” de Las jugadas intermedias. Después de acariciar el título en diferentes ediciones, se proclamó campeona de España en el año 2006. Formó parte de la selección nacional femenina en las Olimpíadas de ajedrez desde 2002 a 2010 y en su primera participación, en Bled, alcanzó la medalla de bronce individual en el tercer tablero.
Según asegura la Wikipedia, defendió los colores de la selección en el Campeonato de Europa por equipos en cuatro ocasiones entre 2003 y 2009. Quienes la conocen bien saben que de su currículo, como dice ella, ajedrecero, prefiere destacar sobre lo anteriormente mencionado el Campeonato de Asturias por equipos conseguido con el Ciudad Naranco y su, a día de hoy descabellada, pretensión de alcanzar idéntico logro en la Lliga Catalana con el Foment Martinenc, su actual club.
Patricia Llaneza ha traducido del inglés y el alemán al castellano numerosos libros de ajedrez para diversas editoriales.
Según asegura la Wikipedia, defendió los colores de la selección en el Campeonato de Europa por equipos en cuatro ocasiones entre 2003 y 2009. Quienes la conocen bien saben que de su currículo, como dice ella, ajedrecero, prefiere destacar sobre lo anteriormente mencionado el Campeonato de Asturias por equipos conseguido con el Ciudad Naranco y su, a día de hoy descabellada, pretensión de alcanzar idéntico logro en la Lliga Catalana con el Foment Martinenc, su actual club.
Patricia Llaneza ha traducido del inglés y el alemán al castellano numerosos libros de ajedrez para diversas editoriales.
sábado, 13 de junio de 2015
Presentación de Las jugadas intermedias
Es para mí motivo de orgullo y satisfacción el poder compartir con todos vosotros, al fin, una muy feliz noticia: la inminente publicación de mi nuevo libro Las jugadas intermedias, una colección de relatos (micros y nada micros) de temática ajedrecística llamada a marcar un antes y un después en la historia de la literatura universal. O local.
La presentación tendrá lugar el jueves 9 de julio, a las 19 horas, en COTXERES DE SANTS (Aula de Formació Josep Guinovart i Grau del Edificio C -entrada por la plaza Bonet i Muixí, s/n-). En breve os anunciaré quién me acompañará en el acto. Reservad este día en vuestras agendas porque nada me haría más dichoso que compartir esta jornada con el mayor número de amigos posible. Y, si venís con la sana intención de romperos las manos aplaudiendo, mejor que mejor.
Mi segunda incursión, tras Mate en 30, en la ficción ajedrecística no habría sido posible sin la participación y decidida apuesta de Ideas Deportivas Canarias, empresa editora y distribuidora de la obra. Pronto, cuando el libro sea una realidad física, os daré toda la información sobre cómo adquirirla.
Os dejo con la sinopsis de Las jugadas intermedias:
Una década después de su debut literario con Mate en 30 (Ajuntament de Barcelona, 2004) y de su colaboración en la antología Alrededor de un tablero (Páginas de Espuma, 2005), David Vivancos Allepuz retoma la ficción ajedrecística con una nueva colección de treinta historias que giran en torno al juego de reyes. En las páginas de Las jugadas intermedias tienen cabida los grandes maestros que trasladan sus brillantes estrategias de dentro a fuera del tablero; los equipos de aficionados que sacrifican el vermú por competir los domingos por la mañana; los campeones sociales y los ajedrecistas excéntricos que participan en un abierto internacional; los botánicos que cosechan damas y alfiles; los perversos empleados de banca que echan la partidita en horario laboral. Hay sitio para las narraciones de corte fantástico y también para las historias de incómoda verosimilitud. Y para los tipos raros y los tramposos y, sobre todo, para los perdedores que tanto fascinan al escritor. Por haber, hay hasta espacio para los microrrelatos que, como las jugadas intermedias en las partidas de ajedrez, se entremezclan con el resto de cuentos de este libro con el objeto de estimular al lector, de mantenerlo alerta hasta el último párrafo, no vaya a escapársele el doble sentido de un relato o un jaque que dé al traste con el plan de juego desarrollado. Y también, claro está, para la ironía, la crítica y el sentido del humor marca de la casa que los lectores esperan encontrar en los textos del autor.
La presentación tendrá lugar el jueves 9 de julio, a las 19 horas, en COTXERES DE SANTS (Aula de Formació Josep Guinovart i Grau del Edificio C -entrada por la plaza Bonet i Muixí, s/n-). En breve os anunciaré quién me acompañará en el acto. Reservad este día en vuestras agendas porque nada me haría más dichoso que compartir esta jornada con el mayor número de amigos posible. Y, si venís con la sana intención de romperos las manos aplaudiendo, mejor que mejor.
Mi segunda incursión, tras Mate en 30, en la ficción ajedrecística no habría sido posible sin la participación y decidida apuesta de Ideas Deportivas Canarias, empresa editora y distribuidora de la obra. Pronto, cuando el libro sea una realidad física, os daré toda la información sobre cómo adquirirla.
Os dejo con la sinopsis de Las jugadas intermedias:Una década después de su debut literario con Mate en 30 (Ajuntament de Barcelona, 2004) y de su colaboración en la antología Alrededor de un tablero (Páginas de Espuma, 2005), David Vivancos Allepuz retoma la ficción ajedrecística con una nueva colección de treinta historias que giran en torno al juego de reyes. En las páginas de Las jugadas intermedias tienen cabida los grandes maestros que trasladan sus brillantes estrategias de dentro a fuera del tablero; los equipos de aficionados que sacrifican el vermú por competir los domingos por la mañana; los campeones sociales y los ajedrecistas excéntricos que participan en un abierto internacional; los botánicos que cosechan damas y alfiles; los perversos empleados de banca que echan la partidita en horario laboral. Hay sitio para las narraciones de corte fantástico y también para las historias de incómoda verosimilitud. Y para los tipos raros y los tramposos y, sobre todo, para los perdedores que tanto fascinan al escritor. Por haber, hay hasta espacio para los microrrelatos que, como las jugadas intermedias en las partidas de ajedrez, se entremezclan con el resto de cuentos de este libro con el objeto de estimular al lector, de mantenerlo alerta hasta el último párrafo, no vaya a escapársele el doble sentido de un relato o un jaque que dé al traste con el plan de juego desarrollado. Y también, claro está, para la ironía, la crítica y el sentido del humor marca de la casa que los lectores esperan encontrar en los textos del autor.
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