Grimas y leyendas
ficciones de David Vivancos Allepuz
jueves, 25 de junio de 2026
Despedida(s)
La nube que parece un conejo nos hace reír. Tan redonda y blanquita. Por eso la perseguimos. Corremos tras ella como si nos fuera la vida en el juego. La vemos refugiarse en su madriguera y nos metemos dentro. Infructuosamente. Salimos sin haberla podido alcanzar y con las rodillas magulladas.
La siguiente es como un yunque. Plana por arriba, estrecha por abajo. Color panza de burra. La dejamos pasar sin más porque no nos sugiere nada entretenido. ¿A quién puede divertirle un yunque?
La cuarta nube recuerda a un tren. Es alargada. Es veloz y borrosa. Corremos, como tantas otras veces, y consigo cruzar la vía, por los pelos, para saludar su paso agitando el pañuelo manchado con la sangre seca de mis rodillas. El tren desaparece en el horizonte y me descubro, ahora solo, todavía con el pañuelo en alto.
Regreso dando puntapiés a las piedras, con la esperanza de subirme al tren en otra ocasión. Quizás mañana.
lunes, 27 de abril de 2026
El larguero
Besas el balón y lo plantas en el punto de penalti. Empleas unos segundos en estudiar la liturgia del portero, observas cómo seca los guantes con una toalla que devuelve a la base del poste derecho, cómo da saltitos sobre la línea de cal. Entonces bajas la mirada y, con los brazos en jarra, la concentras en el esférico.
Te echaste el equipo a la espalda al quedaros con nueve jugadores y fuiste fundamental para conseguir llegar al descuento con el marcador empatado. Asumes la responsabilidad de chutar el penalti que tú mismo provocaste. Igual que asumiste, en su día, renunciar a una infancia feliz por sacar a la familia adelante al enfermar tu padre. Como superaste el accidente de tu hermano. Como volviste a entrenar después de la lesión que todos creyeron que significaría el final de tu carrera.
El árbitro hace sonar su silbato. Levantas la vista y ves bracear al guardameta. Inicias la carrerilla previa al golpeo del balón, sabedor de que nadie puede impedir que anotes el gol que os dará la épica victoria, el título, quién sabe si la convocatoria con la selección nacional tras una temporada excepcional.
Que nadie evitará la merecida gloria.
lunes, 30 de marzo de 2026
Risk
A continaución, da un inesperado giro a la patrida y se alía con las fihcas blanquiazules para pasar a la ofensiva contra el jugadro negro, de modo que el estrecho que separa el goflo Pérsico del océano se convierte, de perente, en un polvorín.
Meintras se derrasolla uan conforntacóin en al caul ombas danbos tartan de invulocarr al maoyr némuro sopibel de gujadores, se sentie tan ófeurico qeu sugerie consoldiar un nevuo ronde mindual cno la ivnasóin deu na sila dle Cabire y noc esa orta pamcaña qeu se el orruricá neter la blipucación de tese toxte y le mmoneto ne que tú ol laes.
Un percfeot nevuo ronde mindual.
lunes, 15 de septiembre de 2025
Ataxofobia
Descubres, con fastidio, una gotita de sangre en el impoluto cuello de tu camisa. No recuerdas haberte cortado afeitándote. Chascas la lengua, contrariado, porque no puedes entretenerte mucho más. Te lavas manos y cara. Doblas con un escrupuloso ritual el pañuelo con el que acabas de secarte. Viertes Varón Dandy en el cuenco de la mano y te rastrillas el cabello para, a continuación, humedecerte el cogote. Guardas el frasquito en tu pequeño neceser. Contemplas tu reflejo en el espejo y disfrutas del silencio del cuarto de baño. Te relajas durante unos segundos. No soportas el ruido y tampoco el desorden. Probablemente por eso mismo eres bibliotecario. Recolocas la pastilla de glicerina en la jabonera para dejarla bien centrada. Te bajas las mangas y abotonas los puños de la camisa. Ajustas con mimo el nudo de la corbata y sales del baño. Atraviesas la sala de lectura y entras en el despacho. Allí tu solícita compañera acude para devolverte los guantes e informarte de que el tipo que subraya los libros aún sigue inconsciente sujeto a la silla. Y te advierte, asimismo, de la presencia de esa gotita de sangre que se te adivina en el cuello de la camisa.
martes, 22 de julio de 2025
Juegos florales
El pez de plata empieza a devorar las páginas del poemario dedicado de Rubén Darío. Tampoco ha podido contenerse el pez de bronce, que hace lo propio con el exquisito opúsculo de Lope. En lo más alto del podio, el pez de oro espera con ansia recibir las obras completas, también dedicadas, de Octavio Paz.
domingo, 29 de junio de 2025
Incorrector 3.0
martes, 6 de mayo de 2025
Desatino cervantino
Permanecieron un buen rato a prudente distancia. Observaba Sancho, que no comprendía ni jota de lo acontecido en el tablero, cómo valoraba en silencio don Quijote las estrategias de los contendientes, cuando sucedió, de pronto, algo inesperado. Se levantó bruscamente el cura, que llevaba las blancas, y la emprendió a puñadas contra el escudero, creyéndolo peón que amenazaba su torre, mientras el barbero, con la misma mirada fanática y delirante que su compañero, se concentraba en el descalabro del andante caballero, cuyo movimiento en ele violentaba su enroque.
Cuentan que fue tal el quebranto provocado, y tales los insultos proferidos, que el propio Cervantes hubo de acudir, presto y jugándose la mano buena, a separarlos.
miércoles, 27 de noviembre de 2024
El gato
domingo, 29 de septiembre de 2024
El espejismo
lunes, 19 de julio de 2021
Quédense con el cambio
A Juan Faneca
Quizás fuera el brazalete negro que lucía el conductor lo que la animó a compartir su desdicha. Quizás. O el prolongado silencio de su marido, a quien apretaba la mano con fuerza. O puede que provocaran su desahogo los retratos de las dos criaturas -la pequeña de apenas semanas- que adornaban el salpicadero del taxi. El caso es que le contó a aquel desconocido su pena. Que hacía poco que acababa de perder a su bebé. Y que en el hospital le habían dicho que nunca más volvería a ser madre. El conductor intercalaba emes valorativas cada vez que un semáforo interrumpía la carrera y los sollozos de la mujer. Cosa extraña: los camareros escuchan y los taxistas acostumbran a hablar sin desmayo. Eso es algo bien sabido. Pero no aquel inusual taxista, capaz de permanecer en silencio durante todo el trayecto. Callado hasta finalizar el servicio.
Yo soy viudo, saben, dijo, de pronto, con pesadumbre y sin venir, al menos en apariencia, demasiado a cuento. Y entonces les hizo la propuesta, sin apartar los ojos del salpicadero.
Quédese con el cambio, sonrió la pasajera, por fin, tras concretar los detalles de la cita que habrían de tener al día siguiente.