jueves, 24 de mayo de 2012

Premios LIEBSTER BLOG


La semana pasada Pedro Sánchez Negreira, en su bitácora Entre nunca y quién sabe, tuvo la gentileza de otorgar a mis Grimas y leyendas uno de sus cinco premios Liebster Blog, cuyo objeto es la promoción de los blogs pequeñitos de cierto interés. Según las bases de la iniciativa, cada uno de los galardonados ha de premiar, a su vez, a otros tantos blogs. A pesar de que, de esta manera, entiendo, acabará recibiendo tal distinción, y sin remedio, la totalidad de la blogosfera, me apunto a continuar lo que temo acabará siendo otra infinita cadena viral, porque me apetece recomendaros unas cuantas páginas con cuya lectura disfruto de lo lindo. Recordad que las bases están ahí para observarlas y que, por tanto, en mi modesta lista de blogs meritorios ni están todos los que son, ni son todos los que están. He dicho. Ahí van mis propuestas, por riguroso orden aleatorio:
  • Explorando LilliputRosana Alonso está de moda y sus Los otros mundos, publicados por Talentura, concitan la atención de todos los amantes del microrrelato. Por ambos motivos tengo la sospecha de que ya habrá recibido alguna vez este honorífico galardón. Y, por ese mismo miedo a repetirme, intentaré que mi lista de nominados sea algo menos predecible a partir de ahora.
  • Lo breve, si breve…: la bitácora Spanjaard, de Luis Arribas, quedó en su día finalista en la categoría Blog Deportes de los Premios 20Blogs. Por lo visto, le supo a poco. El autor nos propone ahora Lo breve, si breve… donde poco a poco nos irá dando a conocer sus relatos mínimos, derroche de ironía y agudeza. 
  • Humor míoPedro Herrero es, además de un buen amigo, un excelente narrador. Lo podéis comprobar en Humor mío, el blog donde va publicando sus micros aparecidos en la revista digital En sentido figurado. Muchos ya lo conoceréis y lo estaréis siguiendo, claro. 
  • El Rojo y el Blanco: el deleite de la crónica deportiva hecha relato. Igual que uno disfrutaba de las crónicas taurinas de Joaquín Vidal tanto si le gustaban los toros como si no, Carlos Fuentes, el creador de El Rojo y el Blanco convierte cada partido del Atleti en una pequeña y divertida joya literaria.
  • Cuentos para ebook: cierro este listado tan sui generis con esta propuesta de David Llada, una página donde recuperar cuentos de autores consagrados y noveles, cuidadosamente editados, en PDF, MOBI y EPUB. ¿Que no es, en puridad, un blog? Desde luego que no pero tengo el convencimiento de que será todo un descubrimiento para más de un ávido lector de relatos que suela pasearse por Grimas y leyendas. El genuino blog del autor, porque también tiene, se titula, como no podía ser de otro modo, David Llada’s blog. Y también es muy recomendable. 
Las reglas del Liebster son:
  1. Copiar y pegar el premio en el blog y enlazarlo al blogger que te lo otorgó.
  2. Señalar tus cinco blogs preferidos con menos de 200 seguidores y escribir comentarios en sus blogs para que conozcan que han recibido el premio
  3. Y, por último, esperar a que esas bitácoras continúen con la cadena y elijan a sus 5 blogs preferidos.

jueves, 17 de mayo de 2012

¿Qué carrera cursar?

Superada la universal vocación infantil de ser astronauta, Manuel había repetido infinidad de veces que de mayor sería ginecólogo, un viejo chiste muy celebrado entre sus amigotes del instituto. Luego quiso estudiar Historia pero sus padres le aconsejaron Periodismo. Dudó ante el impreso que debía rellenar. Recordó entonces al joven abogado del programa emitido el día anterior, apuesto, elegante y de hablar pausado, argumentando cómo había planteado la defensa del concejal y justificando una resolución absolutoria del juez que nadie conseguía explicarse. Los periódicos, tanto los serios de tirada nacional como los panfletos de distribución gratuita, habían desvelado cómo el político se había enriquecido desviando en plazos regulares el dinero de los impuestos ciudadanos durante dos décadas. A Manuel lo había seducido la sólida exposición del letrado, convincente, sin fisuras, aun sabiéndola fundamentada en una tergiversación indecente del espíritu de las leyes. Trazó una cruz en la casilla de Derecho.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Partida aplazada

Llegó al aplazamiento diez minutos antes de la hora convenida. Saludó al árbitro y se entretuvo haciendo como que ojeaba las fotografías enmarcadas de los grandes campeones que cubrían las paredes de pintura descascarada del local. Se las sabía de memoria. Ya había tenido ocasión de estudiarlas, incluso con detenimiento, en el transcurso de las cinco horas de partida de la sesión previa.

Se sentó delante del tablero. Corrigió la ubicación de cada una de las piezas, las propias y las de su oponente, hasta conseguir que ocupasen el centro exacto de sus respectivas casillas con un mimo y una veneración casi litúrgicos. La posición estaba objetivamente ganada. Tenía un peón pasado de más y su alfil era infinitamente mejor que el caballo de su rival. Para anotarse el punto no tendría más que hacer frente a algunos detalles técnicos y evitar los posibles trucos tácticos que El Pistolero pudiese improvisar tras la reanudación del juego. Debían de quedar, cuando menos, tres cuartos de hora más de lucha. El árbitro se levantó de su mesa y se acercó hasta él con el sobre en la mano. El Jugador lo detuvo cuando éste se dispuso a abrirlo. Le rogó que esperase un poco más, tan sólo unos minutos. Conocedor de la profunda animadversión que se profesaban ambos ajedrecistas desde sus primeros enfrentamientos en los campeonatos infantiles, el árbitro dejó el sobre en la mesa con aire sorprendido. “Sólo unos minutos más, no puede tardar”, insistió El Jugador, quien tampoco toleró que el árbitro pusiese en marcha el reloj de las negras. Lo suyo con El Pistolero venía de lejos, efectivamente. Se trataba de un jugador incómodo, sin duda un fuerte ajedrecista, cuya altanería y presunción le habían granjeado un buen número de enemigos entre los cuales se encontraba. De ahí le venía su apodo, un mote con el que alguien con mucho tino lo había bautizado años atrás y por el cual era conocido en el mundillo hasta el punto de que había quienes no sabían cómo se llamaba en verdad. Durante las sesiones de juego solía pasearse entre los tableros con una suficiencia ofensiva y acostumbraba a mirar a sus contrincantes por encima del hombro, al modo y manera de los pistoleros de los westerns rancios, y siempre que podía les dirigía algún comentario prepotente durante los análisis conjuntos de las partidas. Apenas se le conocían amigos. Ni siquiera en su propio club, cuyo local estaba siendo testigo del penúltimo enfrentamiento entre ambos.

Volvió a la carga el árbitro al poco. En su opinión, cinco minutos de cortesía eran suficientes. “Esperemos otros cinco minutitos más, por favor”, le pidió El Jugador, a quien le comenzaba a extrañar la tardanza de su oponente. El árbitro protestó tímidamente y sin demasiado convencimiento. En realidad, la puntualidad en este caso no era más que una formalidad sin sentido y si el afectado había manifestado su predisposición a esperar no había motivo de peso suficiente para no hacerlo. Las restantes partidas habían acabado antes de las ocho y media y el reanudar a una hora u otra el aplazamiento no perjudicaba a terceros. Así que se sentó en la silla que tendría que estar ocupando el ajedrecista de negras y le preguntó por qué no quería abrir aún el sobre que contenía las planillas y la jugada secreta de su rival. El Jugador reconoció que sentía curiosidad por el movimiento que El Pistolero habría anotado al cerrar el sobre. Afianzar el rey delante del peón pasado era la opción menos comprometida mientras que adelantar el peón de torre tratando de conseguir, a su vez, uno pasado parecía precipitado para las negras y, por tanto, perdedor. La mejor opción era mover el caballo para preparar, precisamente, el avance de ese peón, el elegido para conseguir cierto, aunque insuficiente, contrajuego. Confesó que se habría sentido incómodo de haberse abierto ya el sobre, sin la presencia de su rival en la sala. “¿Es que habéis arreglado lo vuestro?”, se atrevió al fin a preguntar el árbitro. El Jugador sonrió. “La verdad es que”, aquí se interrumpió y al otro le pareció que se estremecía delicadamente, como si fuese a tener lugar una confesión inoportuna, para de proseguir, “hoy se ha comportado de un modo totalmente diferente, no sé cómo explicarlo, esta tarde me ha saludado antes de empezar la partida, me ha preguntado por cómo me estaba yendo el por equipos y, después de escribir la jugada secreta en la planilla, me ha felicitado por la partida que le he jugado y me ha deseado suerte en la continuación. Incluso me ha dicho que, como tendríamos que retomar el juego a las once, seguramente perdería el último tren”, el árbitro cabeceó en señal de asentimiento, “y me ha recomendado un bar abierto por aquí cerca donde poder comer un bocadillo”.

Así había sido. El Jugador había tenido que llamar a su padre para que viniese en coche a buscarlo porque el último tren pasaba a las diez y media. El pobre hombre todavía no había llegado aunque no debería de tardar demasiado. Y mañana madrugaba. Después de abandonar el local de juego, El Jugador había dado un pequeño paseo por la avenida principal hasta la plaza del ayuntamiento y había vuelto por el río hasta las calles que se encontraban detrás del club de ajedrez. Entró en el bar que le había aconsejado media hora antes El Pistolero. Un local lleno de moscas, pequeño y sucio, cuyas paredes presentaban un sospechoso color tirando a esputo de tabaco mascado. Una chica con cara de virgen pubescente le había servido un bocadillo revenido de chorizo del país con una pepsi tibia porque la nevera funcionaba mal y ya no le quedaban hielos. Dejó pasar el tiempo mirando distraídamente la pantalla del televisor que había encima de la barra. Daban un amistoso de pretemporada entre el Málaga y un equipo saudí de nombre impronunciable. Entretanto, su contrincante se encontraría en casita cenando plácidamente mientras el módulo de análisis de su ordenador estudiaba posibles soluciones para la desesperada posición. A las once menos cuarto se dirigió a la barra y pagó el bocadillo y el refresco. No dejó propina.

El retraso de El Pistolero era ya de quince minutos. El árbitro se decidió finalmente a rasgar con su abrecartas el sobre. “Por cierto, ¿qué bar te ha recomendado?”, preguntó entonces. Cuando El Jugador le contó dónde había cenado, su interlocutor no pudo evitar torcer el gesto. Aquella expresión de contrariedad, o de desánimo, que veló durante apenas una fracción de segundo el rostro huesudo y en declive del árbitro, provocó que un sinfín de pensamientos y recuerdos desagradables se agolparan desordenadamente en su mente, secuencias funestas e imágenes de otros torneos, de tantísimas competiciones anteriores, que se atropellaban unas a otras, siempre con El Pistolero como protagonista, delante de sus ojos. Notó cómo la sangre le hervía y le arrebolaba las mejillas y las orejas. Se sintió ridículo y furioso a la vez. El árbitro le entregó su planilla sin comprender muy bien el cambio súbito de actitud de El Jugador, ciertamente jovial hasta el momento y retraído entonces, y tomó la de El Pistolero para ejecutar en el tablero el movimiento sellado de éste antes de poner en funcionamiento el reloj. Se detuvo y le alargó la planilla de aquél sin atreverse a añadir ningún comentario. El Jugador la acercó a sus ojos con mano temblorosa porque ya sospechaba lo que iba a leer. Lo sabía. Efectivamente, en la casilla correspondiente leyó las palabras “Negras abandonan”, escritas casi tres horas antes con la inconfundible letra de niño de jardín de infancia de El Pistolero.

sábado, 28 de abril de 2012

Contagio

Si tras guardar cama durante días usted ya se siente bien pero observa que el termómetro, al tomarse la temperatura, sigue clavado en los treinta y ocho, no debe preocuparse. Descarte volver a llamar al médico porque, seguramente, le habrá ocurrido lo que a mí: es su termómetro el que tiene fiebre, es usted quien le ha contagiado su enfermedad.

Mi consejo es que evite sacudirlo como hasta ahora porque el mercurio seguirá sin bajar y tanta brusquedad no puede hacerle ningún bien. Reposo, baño María diario y manténgalo alejado de axilas y corrientes de aire. Son muy contraproducentes.

(Este relato ha quedado en octavo lugar del concurso En 99 palabras. Podéis leer el resto de micros galardonados en el siguiente enlace)

martes, 24 de abril de 2012

Perry Mason

Perry Mason interrumpió el interrogatorio que ejercía sobre su defendido. El abogado dio un giro de ciento ochenta grados y, dirigiéndose al público, proclamó la inocencia del acusado y declaró que el autor material del crimen era ¡Waldo Jeffers! El ilustre secundario, al verse señalado por el índice delator de Raymond Burr, se levantó del asiento y confesó su culpa entre ridículos sollozos, a pesar de que el letrado no aportaba ninguna prueba en su contra. Dos alguaciles lo condujeron hasta la puerta del plató número tres, donde se había recreado la mayor parte de los juicios de la serie televisiva. Antes de ser introducido en el furgón pudo escuchar cómo el director daba la toma por buena y vio a Mr. Burr secarse el sudor de la frente con una toallita y pedir un café, como tenía por costumbre sobre las once de la mañana, a su asistente personal.

jueves, 19 de abril de 2012

Cómo conseguir tu ejemplar de Cruentos ejemplares y otras microficciones

Este fin de semana llegan a las librerías, por fin, los Cruentos ejemplares y otras microficciones. Así que ya estarán a vuestra disposición el 23 de abril (Sant Jordi/Día del Libro). En vuestras manos está que se conviertan o no en (ejem) best seller. Si estáis interesados en su adquisición, podéis comprarlo en:

  • librería-papelería Xeito (c. Rosselló, 384. BARCELONA. Ahí estaré el día 23 por la mañana, así que si alguien los quiere firmados, que pase entre las 11 y las 12)
  • librería Jaimes (Passeig de Gràcia, 64. BARCELONA)
  • librería Atelier (la parada el día de Sant Jordi estará en Passeig de Gràcia con Mallorca. A partir de ese día los venderán en la librería de c. Mallorca, 272. BARCELONA)
  • Saltamartí Llibres (c. Canonge Baranera, 78. BADALONA)

También podéis encargarlos a vuestro librero de guardia, sea éste de Málaga, Murcia o Albacete. Igualmente, desde el 20 de abril, podrán comprarse en línea en:
Para los amantes de los chismes electrónicos, la versión pdf ya está disponible en Editorial Seleer y, a partir de mayo, se podrá adquirir el ebook para Kindle en Amazon.es.

domingo, 15 de abril de 2012

Escondite

Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido. Temí que nos descubriera enseguida dado que había quedado entreabierta. Me agazapé entre los zapatos de mamá mientras Bartolomé buscaba cobijo detrás de los abrigos y el chaquetón de papá. Julián también quiso ocultarse entonces en el armario pero lo echamos porque los tres no cabíamos ahí dentro. Finalmente optó por esconderse tras el sofá orejero. César no sólo fue incapaz de encontrarnos sino que nunca más volvimos a verlo. A veces pienso que igual no había entendido bien las reglas. Sin embargo, si algo me molestó de veras fue no saber si quien acabó ganando el juego, en realidad, fue él.

viernes, 6 de abril de 2012

Pastores, venid

Apostado tras un arbusto espinoso, deja un instante el palo en el suelo para formar un cuenco con las manos y calentárselas con su propio aliento. Qué mal está el campo, qué mal, repite para sí. Otro, más fiel a la tradición, también trata de combatir el frío de la noche ejecutando con una quijada de burro golpes dirigidos a un enemigo invisible. El tercer pastor mastica distraídamente una hogaza de pan duro, oculto tras un pedrusco, al otro lado del camino, cuando el que hace de vigía les advierte de que ya se divisan los perfiles de los tres camellos. Llevando a esos excéntricos reyes de Oriente, cargados de riquezas y casi sin séquito. Apenas unos pajes bastante enclenques, tal como habían conseguido sonsacarle, a pedradas y puntapiés, a aquel tipo tan delicado que se les había aparecido, a deshoras, diciendo ser un ángel anunciador de no sabían exactamente qué cosa.

jueves, 5 de abril de 2012

Cruentos ejemplares... Primera reseña y buena crítica en la Internacional Microcuentista

La Internacional Microcuentista, en su sección Microscopio, ha publicado una reseña de Cruentos ejemplares y otras microficciones. Una buena crítica ante la cual sólo puedo escribir palabras de agradecimiento. ¿Que exagero, decís? Ni hablar. Como muestra, un botón, la frase con la que concluye la reseña:

"[...] lo fantástico de estas piezas nace de algo insignificante, trivial, y es su posterior desarrollo, provisto de un esfuerzo imaginativo, el que aporta lo maravilloso al texto. En lo pequeño cabe lo grande. En lo real, o en sus fisuras, cabe lo fantástico. En el humor, todo cabe"

No está mal, ¿verdad? Podéis leerla entera en el siguiente enlace.

Gracias, Víctor.

martes, 3 de abril de 2012

Cruentos ejemplares... ¿quién me acompañará en la presentación?

Conocemos ya la composición de la mesa en la presentación del martes que viene. Un cartel de lujo. Por un lado, tenemos a Pedro Herrero (foto), escritor amigo, excelente microrrelatista y editor de la revista digital En sentido figurado. Y, por otro, al incombustible Nacho Abascal, compinche estrechamente vinculado al Club d’Escacs Sant Martí y con amplia experiencia en eso de los parlamentos.

Ambos nos harán pasar un buen rato el próximo martes. Y, sobre todo, reducirán con sus discursos el tiempo de mi intervención. Cosa que, sin duda, agradeceréis.