miércoles, 23 de diciembre de 2015

Respondiendo el Cuestionario básico de Miguel Sanfeliu

Hace unas semanas me llevé una agradable sorpresa cuando Miguel Sanfeliu me invitó a contestar su Cuestionario básico, entrevista que vio la luz el pasado jueves en su blog Cierta Distancia : vida y literatura. Os invito a leer mi cuestionario en el siguiente enlace y, sobre todo, por lo provechoso, el del resto de los colegas entrevistados por Miguel. ¡Gracias por tenerme en cuenta, amigo!

lunes, 14 de diciembre de 2015

Eolia, en antena

Qué bien suena un microrrelato cuando está bien leído. Y más con la voz de Ana Vidal. En el siguiente enlace podéis escuchar el programa Soles en el Ocaso del pasado viernes, en el cual leyó, a partir de la hora y cinco minutos, un puñado de microrrelatos dedicados a ciudades, firmados por la propia Ana, Fulgencio Susano García, Jorge Fernández-Bermejo, Luisa Hurtado, Elisa de Armas, Rosa Martínez y yo mismo. Aquí tenéis Eolia, mi ciudad imaginaria, que fue leída en el programa conducido por Miguel Ángel Pérez Calero

EOLIA

No encontrarás en los atlas noticia alguna de la república volandera de Eolia, sencillamente porque ésta no tiene una localización fija y sus coordenadas dependen del capricho de los vientos. La frontera de Eolia se desplaza de aquí para allá, de norte a sur y de este a oeste, varias veces al día, arrastrada por ventiscas y temporales, por huracanes y ventoleras, y a ella van a parar las hojas caídas de los árboles, los envoltorios de los caramelos, las bolsas de plástico y las colillas, el correo comercial dejado en los buzones y las palabras pronunciadas sin convicción y que ha de llevarse el viento. Y aquéllas que el eco jamás devolvió. Y, asimismo, los sombreros y los paraguas rotos en las tormentas. Eolia es como un cementerio de cosas inútiles y de frases y promesas susurradas a la luz de la luna que han acabado olvidándose.

En Eolia los topógrafos se desesperan ya que no hay accidentes geográficos. Y los paisajistas porque no encuentran estampa campestre que pintar donde no se distingan, como mínimo, dos o tres molinos quijotescos. Las brújulas no sirven de nada y, en su lugar, los marinos y los excursionistas, que saben de esto un rato largo, tiran de veleta, preferiblemente de las de gallo silueteado. Porque nadie precisa ir más al norte o más al sur, porque a lo que únicamente todos aspiran, en realidad, es a seguir con docilidad la dirección del viento imperante. A dejarse llevar. Los habitantes del país, de Eolia, gente por lo común liviana y de temperamento voluble, han llegado hasta allí contra su voluntad, empujada por la fuerza implacable del aire en movimiento. Se distinguen con facilidad de los turistas, además de por su peso mínimo, por tener los ojos verdes, que dicen los poetas que es el color del viento. Y por andar siempre mirando hacia arriba, hacia los tejados. Esto último obedece a su obsesiva fijación, ya señalada, a seguir la dirección marcada por las veletas que se recortan en el cielo gris.

Al visitar Eolia conviene, como precaución, llenarse los bolsillos de piedras, concluye R. la lectura y me tiende el folleto. Le brillan los ojos ante la perspectiva de unas vacaciones compartidas en el país del viento. Los tiene verdes, los ojos, como las algas, como las esmeraldas, como los de aquella gente volandera de la que acabamos de saber. Ven volando a Eolia, repito para mí el ridículo eslogan y pienso en que podían haberse esmerado un poquito más los de la agencia. Y también, qué caramba, en que podríamos permitirnos un viaje así.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Las plañideras

Sentadas en las sillas de respaldo recto de la casa, lloran las plañideras a ambos lados de la cama custodiada por cuatro cirios de misa. Sobre la mesilla, a media luz, un rosario, las copitas mediadas de licor y una taza vacía con unos labios de café perfilados en el borde interior y una cucharita que descansa en el plato. La más chiquita y arrugada entona una triste letanía e intenta ocultar el dolor de su rostro detrás de un pañuelito que huele a lavanda. Una se araña las mejillas y derrama lágrimas con desconsuelo. Otra, gemebunda, se tira de los pelos. Las demás llevan un pañuelo negro en la cabeza y lloran con el corazón roto. Desgarradamente.

En el centro del lecho, sobre las sábanas de hilo, ríe, alborozado, un rollizo bebé envuelto en una manta.

(Relato finalista del mes de noviembre de la V edición del concurso de la Microbiblioteca. Aquí podéis leer el microrrelato ganador y los otros finalistas en castellano)

jueves, 19 de noviembre de 2015

El relato "La botella", convertido en monólogo

A petición de Pablo Martínez, del Centro de Tecnificación Ciudad Naranco Ajedrez, el actor Jorge Moré realizó hace dos años una adaptación para teatro del relato "La botella", incluido en la antología Cuentos de ajedrez : alrededor de un tablero, de la editorial Páginas de Espuma. Recientemente, Jorge me hizo llegar el texto adaptado, circunstancia que me ha animado a escribir esta pequeña entrada en el blog.

A pesar de que la aspiración es repetir la experiencia próximamente en diferentes colegios de Oviedo, el monólogo, hasta ahora, se ha representado en una única ocasión, en junio de 2013, durante el acto de entrega de premios del III Torneo Social en la propia sede del club de ajedrez.





Las fotos que ilustran estas líneas son del CTD Naranco.

martes, 17 de noviembre de 2015

Teruelidad

Visualicemos cómo Darío siente el impacto de un cuerpo contra su vehículo tras el frenazo. Tratemos de aprehender el silencio líquido, el miedo líquido, la angustia líquida, la tensión líquida que experimenta. Hagamos estas cosas que nos ayudarán a comprender por qué ese gorrión gordo ha interrumpido su alegre vuelo para caer de pronto, muerto, sobre el asfalto de una carretera secundaria de Girona. Y estremezcámonos.

(Con afecto a mi amigo Iván Teruel, con motivo de la presentación, ayer en Barcelona, de su libro de relatos El oscuro relieve del tiempo)

lunes, 9 de noviembre de 2015

Las jugadas intermedias, según Miguel Baquero

Siempre he defendido que, a la hora de escribir, o de “montar”, un libro de cuentos para ser publicado, es fundamental su planificación. Y con esto no me refiero a esa regla “tallerística” de que el autor coloque el que considere mejor primero, oculte o disimule los que crea algo más flojos hacia el medio, y acabe con otro que también tenga en estima, para dejar un buen sabor de boca. No me refiero a esa planificación “táctica”, sino a otra, que podría llamar con bastante pedantería “estratégica”, que contemple el volumen de cuentos como, en efecto, un conjunto cerrado con sus propias reglas, un libro sólido, no un “totum revolutuum” o cajón de sastre donde soltar y apretujar los excedentes del cajón de distintas épocas.

Para ello —siempre a mi gusto, por supuesto—, los cuentos tienen que tener algo que los unifique, ya sea una atmósfera, un tono, una intención… o ya sea que todos tocan un mismo tema o suceden en un mismo lugar o una misma época. De preferir, prefiero lo primero, que los unifique el tono, el ritmo, el clima, y elementos más literarios, que lo segundo, que depende de factores digamos más “externos” o más obvios. Pero es una cuestión quizás subjetiva, porque todo, en último caso, depende de la calidad de la escritura.

A lo que quería ir con todo esto es que el nuevo libro de David Vivancos, en principio, me cogió frío: un libro de treinta relatos sobre un tema tan minúsculo —aunque los aficionados lo alcen a las nubes, pero al fin tan minúsculo— como el ajedrez. Donde, con cuentos de mediana extensión, iban mezclados hiperbreves, modalidad en la que, por cierto, el autor ha participado en varias antologías.

Pese a esa pequeña prevención inicial, marcada por lo restringido del tema, Las jugadas intermedias, pronto lo advierte el lector, es un gran libro. Un gran libro sobre un juego que éste particularmente que reseña, y que apenas si sabe mover las piezas, no sabía pudiera tener tantas aristas, tanto trasfondo, tantas posibilidades narrativas. Vivancos, con un pulso muy firme, va dejando caer sus historias sobre cada una de estas facetas, cada uno de estos escaques, y apretando luego el reloj, para que el lector comience a degustar el relato. Hay cuentos donde se nos habla de viejos jugadores fracasados, de jugadores triunfantes también; otros en que se nos habla de trampas, que también las hay y, por cierto, muy ingeniosas; o de la amistad que puede surgir entre jugadores, así como las inquinas ocultas… por contar, se nos cuenta incluso, siempre con muy gran firmeza y seguridad en la escritura, como deben jugar los grandes maestros, se nos cuenta, decía, los sueños de un jugador, o fantasías sobre plantas en que florecen alfiles, caballos, damas…

Todo un pequeño universo, en resumen, con sus grandes dramas, pero también sus pequeñas anécdotas. Con sitio para el humor, que en general tiñe todos los relatos, pero también para la seriedad. Un microcosmos creado en treinta cuentos, treinta casillas, que cumple con el principal requisito que, en mi opinión, debe tener un texto literario de calidad, y que no es otro que su capacidad para introducir al lector en un universo distinto, extraño, artístico… y fascinante, no sólo para quien sabe y disfruta del juego, sino para cualquier lector que guste de la buena literatura.

Gracias, Miguel, por tu generosa reseña publicada en el blog literario La tormenta en un vaso.

jueves, 29 de octubre de 2015

Norman

Gritar descarnadamente ante el epitafio de la madre, arrebatada de forma prematura e injusta, lo que daría porque regresara. Expresar, meses después, idéntico deseo para el año recién estrenado, vacío el estúpido plato de uvas sobre las rodillas. Cerrar los ojos y guardar para sí ese mismo anhelo imposible al soplar las velas del decimosexto cumpleaños: volverla a ver sólo una vez más; poderla estrechar en un formidable abrazo que sintetizara cuánto la echa de menos, cuánto se arrepiente de sus desaires de incipiente hombrecito y del tiempo irremediablemente perdido. Cuánto lamenta no haberle dicho antes lo que la quiso. Lo que la quiere.

Arrepentirse, nada más abrir la puerta y percibir ese olor nauseabundo que impregna la casa. Arrepentirse, con la misma intensidad con que lo deseó, al entrar en la habitación y distinguir ese ruidito, como de papeles arrugados, de la maraña de gusanos hambrientos que se retuercen y porfían y entran y salen y se hunden en la forma probablemente humana que ahora vuelve a ocupar el sillón favorito, aquél donde solía encontrarla, al volver de clase, leyendo y oyendo música. Arrepentirse y parar, sin poder apartar la mirada, el tocadiscos que él nunca puso en marcha.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Las jugadas intermedias, según Topanaismo

Cortesía de mi amigo David Garrido, llegó por sorpresa este libro de temática ajedrecista, pasión compartida en otra época, y que el tuvo la inteligencia de dejar a tiempo.

Se trata de una buena cantidad de relatos breves y microrrelatos donde destaca la sorpresa, como el patito de la feliz portada, la mayoría de ellos intrahistorias del juego, la competición y los clubs de ajedrez, por lo que sólo el lector que conozca ese mundo tendrá el plus necesario para disfrutar en la lectura de este libro, como en los relatos Los Sordomudos, Zdzislaw Balka Busca Analista, La Mano Inocente, o Diluvio de Ideas, Lección Magistral, o el muy divertido microrrelato El Mamotreto:

Creo haber dado con la solución para aquellas personas que son incapaces de recordar que, para jugar al ajedrez, el cuadro blanco siempre ha de disponerse a la derecha de los contendientes. Y ésta no es otra que el tablero de nueve casillas. En los de nueve por nueve (en lugar de los tradicionales de ocho por ocho), el número impar de cuadros garantizaría que las casillas blancas coparan las cuatro esquinas sin perder ni alterar la esencia escaqueada del tablero por todos conocido. 

A mi modo de ver, sólo presentarían un inconveniente, que tendría, lógicamente, que estudiarse: ¿qué nueva pieza habría de incorporarse al juego para ocupar la columna adicional? Se me ocurren, a bote pronto, varias e imaginativas alternativas que expongo, a continuación, por si alguien quisiera tenerlas en consideración: el armatoste, por ejemplo, que movería tres casillas hacia delante y una a la derecha; el mamotreto (este nombre tan sólo es provisional, considerándose el cachivache como una opción viable al mismo), cuyo movimiento sería parecido al del juego de las damas, saltando por encima de las piezas propias; o el chirimbolo, que se desplazaría en diagonal de tres en tres escaques y que únicamente capturaría hacia atrás. Cualquiera de estas piezas, aquí dejo la idea, ocuparía la columna central, la columna e, entre el rey y la dama. Éstas son sólo, insisto, propuestas que habrían de ser sometidas a estudio por parte de una comisión establecida y avalada por la federación internacional porque, como ya dije más arriba, yo el problema que he resuelto es el del tablero. Lo otro lo dejo en manos de los expertos y de los profesionales del ajedrez. Faltaría más. 

Pero en mi opinión los mejores momentos del libro están en unos pocos relatos que sólo tocan tangencialmente el juego en sí, como en El Botánico Aficionado, Paridad o en el muy destacable El Método Infalible, que creo gustaría bastante a Monterroso..

Gracias, amigos de Topanaismo, por reseñar el libro en el blog. Y por la mención de Monterroso, del todo halagadora aunque, quizás, un pelín osada...

lunes, 7 de septiembre de 2015

Las jugadas intermedias, según Elena Casero

No voy a ocultar que no entiendo nada de ajedrez. Excepto cuatro clásicos movimientos y el término jaque mate. Del resto de tan insigne y antiguo juego y ejercicio mental sólo me resta añadir que siento envidia.

También es cierto que no hace falta saber música para leer una novela sobre pianistas.

Aparte de estas consideraciones, he leído el libro “Las jugadas intermedias” de David Vivancos Allepuz con agrado y mucho. 30 relatos, algunos micros, que demuestran que sabe de ajedrez y de escritura.

Los relatos, todos basados en este juego, son muy entretenidos, variados, con un magnífico sentido del humor, donde la ironía se hace notar, donde es imposible no esbozar más de una sonrisa, como en el relato El mamotreto. Quiero destacar el de Paridad. Un golpe genial a tanto compañeras y compañeros, colegas y colegos.

Los personajes no suelen ser grandes maestros del ajedrez. En su mayoría son aficionados apasionados, como es el caso del relato de El hombre alfil o el de El botánico aficionado. Gente que vive el ajedrez de manera visceral,

Componentes de clubes, unos rivales y otros amigos, como en el relato Los sordomudos, divertido relato cuyo transfondo preveo real, como sucede en el Mi gin-tonic de media tarde.

Perdedores y tramposos. Un relato divertido el de Zdzislaw Balka busca analista, Trampas, el de La mano inocente o el de Lección magistral.

Ajedrez y literatura combinados de manera excelente y aderezado todo con un toque de ironía. Una combinación muy buena.

Gracias, Elena, por la reseña publicada en De libros y lecturas.

viernes, 21 de agosto de 2015

Las jugadas intermedias, según José Miguel García Torres

De la pluma de David Vivancos Allepuz y la iniciativa de Juan Ramón Jerez López, nace este simpático libro de relatos ajedrecísticos salpimentado con algunos microrrelatos que, no solo dan sentido al título, sino que acentúan el estilo alegre y desenfadado del autor.

Historias completamente verosímiles se entremezclan con otras rebosantes de fantasía, algunas incluso con tintes surrealistas. Se trata, aparentemente, de un libro sin más pretensión que la de entretener al lector, pero entre sus páginas también hay lugar para la ironía y la crítica, que a veces se extiende más allá del ámbito ajedrecístico.

Es inevitable que un libro de estas características tenga sus altibajos, ya que algunos relatos siempre gustan más que otros. Pese a todo, el resultado final es el de un libro entretenido que deja una buena impresión y que, una vez finalizado, invita a revisar algunos de sus relatos como si se tratase del resumen de las mejores jugadas de un partido. Así me pasó con el simpático microrrelato "Lección magistral", ante el que el aficionado con hijos pequeños difícilmente podrá reprimir una sonrisa cómplice. Tampoco me dejó indiferente el sorprendente desenlace de "Zdzislaw Balka busca analista", sin duda un jaque mate en toda regla; ni lo absurdo de “Trampas”, ni la sutil crítica de “La semifinal”, ni la última jugada del Pistolero en “Partida aplazada”, ni la desasosegante versión del Dios los cría y ellos se juntan que se plantea en “El método infalible”.

Entre los logros de esta edición, hay que mencionar la excelente fotografía de portada de David Llada, que resume perfectamente el concepto de los microrrelatos insertados a lo largo del libro a modo de cuerpos extraños. Al igual que la escurridiza jugada intermedia que se esconde en una larga variante, el inesperado patito no solo sorprende con su presencia entre las serias y solemnes piezas de ajedrez, sino que -como la prosa de David Vivancos- aporta un toque alegre y desenfadado al conjunto. Todo un preludio de lo que el lector encontrará entre las páginas del libro.

Si te gusta leer y te gusta el ajedrez, no lo dudes: ¡Adopta un patito!

Gracias, José Miguel, por la reseña publicada en el grupo Viciosos del ajedrez.